jueves, 3 de junio de 2010

Puritanismo

Escuchado en las inmediaciones de la Universidad de Murcia (Campus de la Merced) el pasado martes a las 21.00 horas.

"Claro que iré a verle al concierto. Siempre que acaba la actuación me hace lo mismo, coge un rotulador y me firma un autógrafo en las tetas. Me habrá firmado como nueve veces en las tetas y, en el último concierto, me dijo: -bájate un poco el pantalón que te firme en el culo. Y yo le contesté: -¿De qué vas, tío?, ¿es que te has pensado que soy una guarra?"
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domingo, 30 de mayo de 2010

Minorías cabreadas

Hay personas que se levantan a las seis de la mañana para ver un capítulo de una serie de televisión. Algunos salen el sábado y vuelven a casa, corriendo cual Cenicienta, antes de que den las tres de la mañana para ver una carreta de fórmula uno. Otros, los más, llegan hasta a abandonar su puesto de trabajo para ver un partido de fútbol por televisión. Para gustos están los colores y yo, particularmente, gusto de respetar, como decía aquel, a todo lo que se menea.

A mí sólo hay un evento televisivo que me paraliza, Eurovisión. Lo puedo decir en todos los foros: soy Eurofan y no me avergüenzo. He de reconocer que El European Song Contest está algo denostado por estas latitudes, pero a mí me gusta. Cada año, desde que Internet entró en mi vida, reviso los rivales, los detalles, las curiosidades del festival, presencio las semifinales y el Día D a la Hora H, disfruto del Festival cual cochino jabalín.

Y sinceramente, me toca mucho las narices que no se nos respete a los que nos gusta Eurovisión, porque no somos ni peores ni mejores que los seguidores de Lost o los amantes del fútbol o la fórmula 1.

Aprovecho el tema para hacer una pequeña metareivindicación. Después de que la actuación española en el festival fuese boicoteada, muchos han considerado el incidente como divertido y/o gracioso. Piensen ustedes en sus diversas ocupaciones. Piensen que han hecho un trabajo que les ha costado dos meses sacar adelante y, a la hora de poder desarrollarlo, viene un gracioso y se lo jode. ¿A que ya no resulta tan divertido?

Estoy convencida de que si el infiltrado hubiese jodido un gol de la selección española, el tipo estaría ya en el otro barrio, pero como es Eurovisión, parece que es lícito ser crueles.

No es en absoluto mi estilo, ni la canción ni el muchacho me matan, pero reconozco que este artista tiene un mérito que, en un país como el nuestro, jamás se le va a reconocer. Desde aquí, un homenaje Algo Pequeñito de una eurofan.


jueves, 13 de mayo de 2010

De nostalgia y otros pe(n)sares

El tiempo pasa y nada cambia. Año tras año, las mismas dudas y las mismas decepciones, los mismos anhelos y las mismas derrotas. Así cualquiera se cansa de existir. Sé que es mucho pedir, pero sólo me gustaría salir de la espiral un ratito, lo suficiente para sentir lo que es vivir sin caer en el mismo círculo una y otra vez.

Camino y siento cómo me vuelvo gris a cada pasito. Que últimamente todo me jode en estéreo y la culpa sigue siendo mía. Que la tierra no va a girar al revés por mucho que yo patalee. Y la soledad quiere colarse en mi casa y ya no sé qué excusa poner para no abrir la puerta. Así cualquiera se cansa de existir.

Mientras tú conmemoras nuestro no-aniversario, yo tengo que lucir mi desgastada sonrisa postiza. Mientras tú preguntas por mí con fingido interés, yo tengo que convivir con el dolor de tu recuerdo. Y mientras tú bromeas con lo que será, yo me atormento con lo que podía haber sido. Así cualquiera se cansa de existir.

El rencor y la apatía siguen siendo mis hermanos. Miro atrás y comprendo que mis pasos de gigante sólo fueron pasitos que ya ha borrado el viento. Vuelvo a notar fatiga en mis brazos, que apenas sostienen por inercia la espada que me permite seguir luchando. Así cualquiera se cansa de existir.

Y es que la felicidad lleva años jugando al escondite conmigo y todavía no le he podido ganar una sola partida. Así cualquiera se cansa de existir. Las mismas derrotas y los mismos anhelos, las mismas dudas y las mismas decepciones, año tras año. El tiempo pasa y nada cambia.


martes, 9 de febrero de 2010

Decálogo del Feisbuc

Me he hecho un feisbuc y ahora soy peor persona. Aquí presento un decálogo de cosas que están empobreciendo mi espíritu desde que metí mis narices y mis datos en esta red social.

1. He descubierto que soy una cotilla. Ya apenas me diferencio de aquellos a quienes odio: personas que compran el Diez Minutos, peluqueras cuyo trabajo consiste en un 50% en rajar de los demás o tertulianos del Sálvame. Lo peor es que es adictivo, como una droga, y ya no puedo detenerme antes de sopetear los perfiles.

2. El feisbuc está aumentando considerablemente mi psicopatía. Si mañana pusieran un contador de visitas de perfil en el último mes, seguro que un muchacho en concreto me pondrían una orden de alejamiento. Sinceramente, hace tiempo que espero encontrar a la Guardia Civil en la puerta de casa cuando vuelvo del trabajo.

3. Este invento te plantea grandes dilemas morales a la hora de agregar a algunas personas. Ya sabes, el típico compañero de clase que ni fu ni fa, el hermano/a de aquella amiga, el novio de fulanita y demás modelos de seres que te dejan un buen rato meditando si aceptar o ignorar.

4. Y si te surge un dilema moral cuando no sabes qué hacer con determinada solicitud, lo que te da es resquemor cuando compruebas que alguien no te ha admitido a ti. En cierto modo es como si te hiciesen “la cobra” de la amistad.

5. El feisbuc está muy bien para volver a tener contacto con gente del pasado. Es maravilloso descubrir que tu mejor amiga del colegio se ha operado las tetas y la cara, tiene 220 fotos en las que sólo aparece ella haciendo poses estúpidas y su muro de publicaciones es una cascada de chorradas sin fundamento.

6. Todo ello no es nada comparado con la palpitación que te nace al entrar en el perfil de alguien malvado, pérfido, más malo que la tiña y/o modelo supino de la hijoputez y encontrar ese mensaje que reza “tienes un amigo en común”. Duele, palabrita del niño Jesús.

7. Me paso el día mandando cervezas virtuales a amigos con los que hace meses que no me tomo una cerveza de verdad en un bar de verdad. Manda webos.

8. Me he afiliado a grupos tan relevantes y de gran trascendencia social como “las croquetas se rebozan con las manos” o “me gusta la canción del Mercadona”.

9. He descubierto que con la granja y la pecera me pasa como con las drogas duras; que, visto lo visto, me da miedo probarlas por si me engancho.

10. Pero si el Feisbuc ha empobrecido mi alma en algún aspecto es que, desde que me abrí la dichosa cuenta, ya no puedo hacer el tonto a gusto cuando alguien hace una foto, por eso de que mañana me criticarán más de 2.000 personas, entre contactos y contactos de los contactos.

martes, 12 de enero de 2010

La teoría de Nochevieja

Hoy me he dado cuenta de una cosa importante. He descubierto que el planteamiento de la fiesta de Nochevieja es uno de los indicativos que mejor reflejan que te has hecho mayor. Mi teoría se sustenta en varias premisas que paso a detallar.

- Decisión del plan. Cuando eres joven, tu plan sobre qué hacer en nochevieja está definido, como muy tarde, la primera semana de diciembre. Cuando no eres joven, el mismo día 31 llamas a los amigos por la tarde y preguntas, ¿Oye, pero al final luego vamos a hacer algo o qué? También existe la posibilidad de quedar directamente después de las uvas para decidir qué vas a hacer. Por último, también puede pasar que decidas quedarte en casa.

- Atuendo. Cuando eres joven buscas un bonito vestido para la fiesta de Nochevieja. Como a principio de diciembre ya sabes qué vas a hacer, te da tiempo a buscar todos los complementos a juego con el vestido. Además, una semana antes, ya tienes cita en la peluquería para que te hagan un peinado de esos con purpurina. Cuando no eres joven, difícilmente vas a salir a comprar ropa para Nochevieja. Tiras de fondo de armario y, al final, acabas vistiendo lo mismo que cualquier fin de semana que sales.

- Hora de quedar. Cuando eres joven, a las doce y diez de la noche ya está saliendo por la puerta. Te comes las uvas, besas a los familiares y, cual correcaminos, te diriges al lugar de tu fiesta. Cuando no eres joven, quedas si eso a partir de la una, aunque la gente irá llegando si eso más bien a partir de las dos.

- Hora de recogerse. Cuando eres joven no puedes recogerte temprano. Entre otras cosas, porque debes lucir el moño con purpurina lo máximo posible. Aunque, eso sí, como has llegado a las doce y media a la fiesta, a las cinco de la mañana ya apenas puedes andar y estás como para acostarte. Pero amigo, es Nochevieja y hay que quemar los cartuchos. Cuando no eres joven, a las cinco de la mañana es cuando empiezas a pisar los bares y, sorprendentemente, terminas recogiéndote más bien pronto, porque los cartuchos te los dejaste en casa.

- Fases de la noche. Cuando eres joven, debes vivir todo el proceso de Nochevieja. Uvas, cotillón, alcohol, bailes, pelotazo, más bailes y churros. Cuando no eres joven, si te saltas alguno de los pasos, o incluso todos, tampoco pasa nada.

- Anecdotario. Cuando eres joven, recordarás con claridad todas las cosas que te sucedieron en la fiesta de Nochevieja. Es más, puede que hasta tengas fotos para aportar documentos gráficos a tus anécdotas. Luego vas comentando con todo el mundo qué hiciste esa noche. Cuando no eres joven y te pregunten por ahí, responderás: “pos bien”, sin aportar más detalles. Apenas recordarás un par de anécdotas y, por supuesto, no tendrás fotos que inmortalicen el momento. Porque, cuando no eres joven, Nochevieja es, básicamente, una noche como cualquier otra.