domingo, 30 de enero de 2011

El activismo está infravalorado

Mediante el procedimiento de pinchar el enlace del enlace (¿por qué esta práctica no tiene aún nombre técnico?), se encuentran cosas muy interesantes. Así fue cómo llegué ayer hasta el vídeo de la participación de la pequeña canadiense Severn Suzuki en la Cumbre de la Tierra de la ONU celebrada en Río de Janeiro en el año 1992. La criatura, que pertenecía a una organización ecológica para niños en Vancouver, se subió al atril de los "peces gordos" y comenzó a decir verdades como puños respecto a temas como la contaminación, la economía sostenible o la falta de solidaridad con el tercer mundo. Al final del vídeo se me cayeron dos lagrimones de los de hectómetro cúbico. Qué valor el de esta niña que, según parece, permanece fiel a sus principios casi 20 años después. Lo triste es que la oyeron, pero no la escucharon.

Túnez y Egipto se convierten estos días en ejemplos vivos de que lo que los movimientos ciudadanos pueden llegar a conseguir. A nosotros, acomodados en los brazos del sistema capitalista occidental, la era tecnológica nos permite mantener una lucha desde la trinchera. Llaman poderosamente mi atención movimientos como el de los Anonymous, que aprovechan las nuevas tecnologías de la información para difundir noticias sin pasar por los filtros periodísticos habituales. Por iniciativas como ésta, Internet está jugando un papel fundamental en los conflictos de los países citados.

Ahora que es más fácil que nunca conseguir que el planeta sea mejor, nos dejamos cegar por las mieles del estado del bienestar. Recuerdo que de pequeña era una auténtica revolucionaria. Ya en el colegio, los profesores me apodaron "la abogada del diablo". Ha pasado el tiempo y mis desengaños personales se han alimentado de apatía y de diversas dosis de la cruda realidad. Llevo semanas notando que mi yo revolucionario quiere volver, pero a la vez siento cómo mi yo desencantado y sin fe en la humanidad lo frena. ¿Qué me ha pasado? ¿Qué nos ha pasado?

domingo, 2 de enero de 2011

Creo que toca hacer balance...

Este año ha sido malo, pero como no ha sido peor que el anterior, se puede decir que ha sido regular o, técnicamente, menos malo. Esta costumbre de ver el vaso entre vacío y medio vacío me va a matar. Prometo que en 2011, todas mis citas con los deseos (Reyes Magos, San Juan, Cumpleaños, etc.) van a ir encaminadas a pedir algo de positivismo para afrontar la vida. Durante estos 365 días he ganado y perdido cosas. Me he enfrentado a algunos miedos, aunque en la mayoría de ocasiones he salido perdiendo. He conseguido un par de metas. Y bueno, también están los topicazos; he reído, he llorado, he querido matar a alguien con mis propias manos... nada digno de destacar.

Pese a vivir 365 días llenos de sentimientos, acciones y hechos, aquí estoy, con la misma sensación de que nada ha cambiado. Cada vez me cuesta más hacer balance. Creo que me hago mayor, y no sólo de edad. Me gustaría que hubiese un cambio con mayúsculas, no sé exactamente dónde ni cómo ni qué ni por qué. Sólo quiero algo que me permitiera elaborar un balance de verdad, aunque sea a mediados de mayo.

A ver si consigo que soplen...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Naturaleza muerta

Cuando vi la película Mar Adentro, me impactó mucho el alegato que Ramón Sampedro hizo en su juicio. El hombre venía a decir que una persona que puede andar, se suicida y no ocurre nada. En cambio, otra que no puede moverse y quiere suicidarse, debe pedir ayuda y legalmente eso es un asesinato. Lo que el tetrapléjico venía a explicar es que no todo el mundo tiene la misma libertad para tomar decisiones y, los que están en desventaja, encima tienen más dificultades externas.

Mi intención no es disertar sobre la eutanasia, sino más bien ir al otro extremo. Rememoro la idea de Sampedro cada vez que informan sobre padres que asesinan a sus hijos, los dejan en contenedores de basura o los abandonan en los coches con las ventanillas cerradas mientras van a comprar. Pienso en todo lo que debe hacer una persona o pareja para adoptar un chiquillo. Pruebas psicológicas, rentas, nóminas, referencias, desembolsos económicos y un sinfín de premisas burocráticas que impone el Estado para asegurarse de que esos padres serán idóneos para el niño o la niña. Y sobre todo, pienso en hombres y mujeres que no pueden engendrar y no tienen más remedio que sucumbir a la burocracia si quieren tener descendencia. En cambio, hay muchas y muchos que pueden concebir sin dificultades y, por el contrario, jamás pasarían un test ni para tener una mascota virtual. Pero a esas personas no les hace falta, porque la naturaleza ya está de su parte.

Al igual que en el caso del tetrapléjico, la ley ahoga a los que no pueden y ayuda a los que sí, porque en España la paternidad biológica está por encima de todo, incluso en casos completamente aberrantes. Por cierto, a Ramón Sampedro no le valió de nada su alegato.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El dominguero postmoderno

Hay algo en lo que la sociología aún no ha reparado, la evolución del dominguero. El dominguero es esa persona que saca su coche en domingo y circula a una velocidad anormalmente reducida. El dominguero suele aprovechar este día para pasear, ir a comer 'anca' la suegra o simplemente trasladarse en su vehículo, pero, eso sí, de una forma mucho más lenta de la que lo haría durante la semana.

Los que trabajamos los domingos y, por lo tanto, tenemos que pisar el acelerador como si fuese lunes, odiamos a este especimen que estoy describiendo. En realidad a mí casi me divierte, pues sólo en domingo puede mi humilde Seat adelantar a Mercedes, BMW´s, Audis y demás vehículos de altísima gama.

Pero, desde hace un tiempo, observo que la figura del dominguero ha evolucionado. Sigo viendo altas gamas a las que pitar y adelantar, pero en menor medida. En su lugar, aprecio una nueva figura que podría denominar dominguero postmoderno.

El dominguero postmoderno suele llevar un Seat León, un Golf, un Hyndai Coupe o cualquier otro modelo susceptible de ser tuneado hasta la saciedad. Este especimen suele ir acompañado de una muchacha, que ocupa el asiento del copiloto y que podríamos definir como 'la choni'. Al contrario que su antecesor, el dominguero postmoderno suele ir muy deprisa, excediendo los límites de velocidad y poniendo en peligro la vida de los demás conductores. Cuando dos de estos especímenes se encuentran en primera línea de semáforo, se producen salidas mucho más emocionantes que las de la Fórmula Uno. Del mismo modo, mientras que el dominguero original gusta de escuchar a Julio Iglesias, José Luis Perales y otros hitos de la canción melódica, el postmoderno prefiere 'petar' con el 'subwoofer' a ritmo de flamenco, house o reggaetón.

Quede patente mi observación como método casi científico para futuros estudios sobre la evolución de la especie. Si Darwin levantase la cabeza...

viernes, 12 de noviembre de 2010

Breve reflexión

Si un señor ejerce la medicina durante cinco años sin ser médico, se le envía a la cárcel.

Si un señor ejerce el periodismo durante cinco años sin ser periodista, se le regala el título.