
Ser o no ser, esa es la cuestión. Llego a casa y la barra de Google nunca resultó tan tentadora. ¿Por qué no? A lo mejor es poeta y recita sus versos todos los miércoles a la misma hora. Puede que en sus ratos libres realice maquetas navales y acuda a las concentraciones de la ruta de los pantanos. A lo mejor sólo es el dependiente de la tienda. El caso es que me puede la, quizá malsana, curiosidad de saber qué hay tras esos hermosos ojos.
Oh sorpresa, oh dolor. El niño tiene blog, fotoblog, facebook, twenty y twitter, además de aparecer en diversos foros y webs de las asociaciones a las que pertenece. Tras unos pocos minutos, ya lo sé casi todo del chiquillo. Por un lado me siento defraudada, en 4 clicks me he cargado todo el misterio y el atractivo del muchacho, y por otro me siento psicópata, ya que sé tantas cosas de él que si tuviese dos grados más de perversión, podría llegar a ser peligrosa. Y no es que yo sea mala, es el Internet que me corrompe.