jueves, 30 de mayo de 2013

Lágrimas y más lágrimas

Cuando era muy pequeña, me dijeron que las lágrimas eran un signo de debilidad, que si me veían llorar se abalanzarían sobre mí como si fuese un cachorrillo indefenso. En realidad lo era, y lo sigo siendo.  Al poco comprendí que la vida empezaría bien pronto a ponerme a prueba y que no podía permitirme el lujo ni de ser débil ni de mostrarlo. Con un férreo entrenamiento, lo conseguí. El día a día también ayudaba. Al final, desterré las lágrimas de mi rostro para siempre y con el tiempo dejé de llorar. Me revestí de un frío caparazón de acero que apenas me dejaba expresar mis sentimientos. No me sentía ni mejor ni peor, sólo incapaz.

Luego llegó él…

…Y luego se fue.


Y ahora todas esas lágrimas contenidas están brotando juntas, silenciosas, sin poderlas controlar. Una tras otra caen sobre mi pecho frío y me nublan la vista. Tal vez tenía que haber llorado antes y este torrente de dolor que brota de mis ojos sea el castigo por no haberlo hecho. Quizá hasta lo merezca. Sólo espero que algún día todas estas lágrimas se transformen en hermosos recuerdos. 

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