
Las dependencias de la Administración pública se valen de un sistema a la hora de atender al público. Dicho sistema se basa en la recogida de un tique de una maquinita. Dicho número permitirá establecer un orden para atender a los usuarios, en función de su llegada a las dependencias públicas. Así pues, uno saca su número de la máquina y espera a que su cifra aparezca en los paneles instalados en las mesas de atención al público. El comentario no se refiere a lo novedoso del sistema. Queridos y queridas, el Pryca ya utilizaba ese método en su pescadería cuando se hacía la mili con lanza.
El caso es que, en un momento dado, alguien saca dos números. No se sabe muy bien quién empieza la cadena, pero el juego discurre así: la persona que saca dos números utiliza uno y el otro lo dona de forma altruista a alguien que tenga un número mayor. Así pues, le hace ascender unos cuantos puestos en la cola y le ahorra un tiempo indeterminado de espera. Cuando la persona que recibe el número ha terminado sus gestiones, dona su tique original a otra persona que haya llegado después y le evita otro tanto tiempo de espera. Y no sé cómo ni por qué, siempre hay un número que pasa de mano en mano a modo de favor desinteresado hacia uno de los “esperantes”.
No sabría decir qué tipo de características reúne mi persona, pero siempre soy galardonada con un tique que me hace avanzar puestos en la cola. Luego, yo tengo que regalar el mío, pues aunque no existe ninguna maldición para quien rompe la cadena, ya conocemos eso del primer principio de la termodinámica. El caso es que cuando me toca a mí premiar, me fijo siempre en dos premisas: el número de llamadas que reciben los sujetos al móvil y la posición de los cuerpos. Si una persona recibe muchas llamadas (de trabajo, entiéndase), tendrá prisa por reincorporarse a su puesto, así que merece avanzar en la cola. Si una persona adquiere posición oblicua, está realmente cansada de estar en pie y merece avanzar en la cola. Si alguien recibe muchas llamadas de trabajo al mismo tiempo que adquiere posición oblicua, será galardonado con mi tique.
A veces pienso en si la gente también creará sus propios parámetros para la cesión de su puesto. Otras veces me analizo para intentar saber por qué me lo ceden a mí. La gran mayoría de las ocasiones medito acerca de la creación espontánea de ese juego de siniestra selección bienintencionada y altruista. El resto de las veces me dedico simplemente a hacer viajes astrales. El caso es que dos horas de espera para entregar un papel, dan para pensar mucho.