miércoles, 13 de octubre de 2010

Si tú bailas, yo bailo

Pocas veces he dirigido mi mirada hacia el mundo del espectáculo para encontrar un referente, pero ella es la excepción. Se trata de Lisa Gerrard. Hace poco se hizo conocida al gran público por interpretar la banda sonora de la oscarizada Gladiator. Pero, los amantes de la música poco o nada comercial la conocíamos antes por ser parte del tandem que 'daba vida' a Dead Can Dance. Actualmente, continúa su carrera en solitario.

Lisa se presentó a varias pruebas de selección para cantantes, pero siempre encontraba la misma negativa. Le decían que su voz era demasiado grave, que su timbre no era apto para cantar como solista, que jamás llegaría a nada en el mundo de la música. Cuando fue a probar suerte como compositora, tampoco se le abrieron las puertas. Muchas de sus partituras se ejecutaban con instrumentos que ya no se fabrican y sus letras, aunque escritas principalmente en inglés, coqueteaban con idiomas como el latín o el polaco, además de utilizar palabras que ella misma inventaba.

Y la chica que no podía cumplir su sueño, siguió luchando y desoyendo a los que tanto sabían. Hasta que un sello discográfico alternativo decidió dar una oportunidad a los eclépticos Dead Can Dance. Entonces la historia se volvió bonita. Éxitos, alabanzas y más de una docena de trabajos les convirtieron en el gran referente musical que son hoy.

Lisa Gerrard no se rindió y hoy se la reconoce como una excelente intérprete y compositora y, por qué no decirlo, un gran ejemplo para quienes conocemos su historia. Y, personalmente, añado a su lista de logros la capacidad de conseguir que mi alma se estremezca.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Recibí tres visitas

En la larga ausencia de quien suscribe, este blog recibió tres visitas, como en el clásico cuento navideño. En realidad, imagino que serían algunas más, pero, concretamente, tres lectores tuvieron la iniciativa de dejar un comentario. Por suerte, Blogger tiene el detalle de enviarte un email cuando alguien comenta, porque con lo ajetreada que ha sido mi vida en los últimos meses, apenas he podido acordarme de mi querida bitácora.

Al lío, las tres visitas. A priori eran personas sin relación entre sí. Algunas, incluso, parecían residir lejos -deduje eso por las expresiones que utilizaban-. Cada una de ellas acudió a una entrada distinta de este blog. Pero sí tenían algo en común. Esas tres personas se sentían como yo me sentí en el momento de mi vida en el que escribí esas líneas. Ellas pasaron por tres momentos por los que yo pasé, vieron tres cosas como yo las vi y asumieron tres designios de la providencia como yo lo hice.

Imagino que esas personas llegaron a este oscuro amanecer como yo también he llegado a muchas otras bitácoras, escribiendo algo en Google y buscando entre los resultados. Y, sinceramente, espero que se sintieran como yo me siento cada vez que encuentro a otra persona, sea como sea o esté donde esté, capaz de percibir la realidad como yo lo hago.

Y es que a algunos nos gusta comprobar, aunque sea virtualmente, que hay alguien por ahí que podría entendernos en determinados momentos. A mí me ha hecho reflexionar mucho esto de que mis tontunas personales puedan en un momento dado servir de apoyo a personas que ni conozco. Estos tres fantasmas (no se me enfaden, que los llamo así con todo el cariño y para aprovechar el símil literario) y los que puedan llegar, me animan a seguir escribiendo.

Pues eso, que subimos la persiana (:

jueves, 3 de junio de 2010

Puritanismo

Escuchado en las inmediaciones de la Universidad de Murcia (Campus de la Merced) el pasado martes a las 21.00 horas.

"Claro que iré a verle al concierto. Siempre que acaba la actuación me hace lo mismo, coge un rotulador y me firma un autógrafo en las tetas. Me habrá firmado como nueve veces en las tetas y, en el último concierto, me dijo: -bájate un poco el pantalón que te firme en el culo. Y yo le contesté: -¿De qué vas, tío?, ¿es que te has pensado que soy una guarra?"
...

domingo, 30 de mayo de 2010

Minorías cabreadas

Hay personas que se levantan a las seis de la mañana para ver un capítulo de una serie de televisión. Algunos salen el sábado y vuelven a casa, corriendo cual Cenicienta, antes de que den las tres de la mañana para ver una carreta de fórmula uno. Otros, los más, llegan hasta a abandonar su puesto de trabajo para ver un partido de fútbol por televisión. Para gustos están los colores y yo, particularmente, gusto de respetar, como decía aquel, a todo lo que se menea.

A mí sólo hay un evento televisivo que me paraliza, Eurovisión. Lo puedo decir en todos los foros: soy Eurofan y no me avergüenzo. He de reconocer que El European Song Contest está algo denostado por estas latitudes, pero a mí me gusta. Cada año, desde que Internet entró en mi vida, reviso los rivales, los detalles, las curiosidades del festival, presencio las semifinales y el Día D a la Hora H, disfruto del Festival cual cochino jabalín.

Y sinceramente, me toca mucho las narices que no se nos respete a los que nos gusta Eurovisión, porque no somos ni peores ni mejores que los seguidores de Lost o los amantes del fútbol o la fórmula 1.

Aprovecho el tema para hacer una pequeña metareivindicación. Después de que la actuación española en el festival fuese boicoteada, muchos han considerado el incidente como divertido y/o gracioso. Piensen ustedes en sus diversas ocupaciones. Piensen que han hecho un trabajo que les ha costado dos meses sacar adelante y, a la hora de poder desarrollarlo, viene un gracioso y se lo jode. ¿A que ya no resulta tan divertido?

Estoy convencida de que si el infiltrado hubiese jodido un gol de la selección española, el tipo estaría ya en el otro barrio, pero como es Eurovisión, parece que es lícito ser crueles.

No es en absoluto mi estilo, ni la canción ni el muchacho me matan, pero reconozco que este artista tiene un mérito que, en un país como el nuestro, jamás se le va a reconocer. Desde aquí, un homenaje Algo Pequeñito de una eurofan.


jueves, 13 de mayo de 2010

De nostalgia y otros pe(n)sares

El tiempo pasa y nada cambia. Año tras año, las mismas dudas y las mismas decepciones, los mismos anhelos y las mismas derrotas. Así cualquiera se cansa de existir. Sé que es mucho pedir, pero sólo me gustaría salir de la espiral un ratito, lo suficiente para sentir lo que es vivir sin caer en el mismo círculo una y otra vez.

Camino y siento cómo me vuelvo gris a cada pasito. Que últimamente todo me jode en estéreo y la culpa sigue siendo mía. Que la tierra no va a girar al revés por mucho que yo patalee. Y la soledad quiere colarse en mi casa y ya no sé qué excusa poner para no abrir la puerta. Así cualquiera se cansa de existir.

Mientras tú conmemoras nuestro no-aniversario, yo tengo que lucir mi desgastada sonrisa postiza. Mientras tú preguntas por mí con fingido interés, yo tengo que convivir con el dolor de tu recuerdo. Y mientras tú bromeas con lo que será, yo me atormento con lo que podía haber sido. Así cualquiera se cansa de existir.

El rencor y la apatía siguen siendo mis hermanos. Miro atrás y comprendo que mis pasos de gigante sólo fueron pasitos que ya ha borrado el viento. Vuelvo a notar fatiga en mis brazos, que apenas sostienen por inercia la espada que me permite seguir luchando. Así cualquiera se cansa de existir.

Y es que la felicidad lleva años jugando al escondite conmigo y todavía no le he podido ganar una sola partida. Así cualquiera se cansa de existir. Las mismas derrotas y los mismos anhelos, las mismas dudas y las mismas decepciones, año tras año. El tiempo pasa y nada cambia.