jueves, 13 de mayo de 2010
De nostalgia y otros pe(n)sares
martes, 9 de febrero de 2010
Decálogo del Feisbuc
1. He descubierto que soy una cotilla. Ya apenas me diferencio de aquellos a quienes odio: personas que compran el Diez Minutos, peluqueras cuyo trabajo consiste en un 50% en rajar de los demás o tertulianos del Sálvame. Lo peor es que es adictivo, como una droga, y ya no puedo detenerme antes de sopetear los perfiles.
2. El feisbuc está aumentando considerablemente mi psicopatía. Si mañana pusieran un contador de visitas de perfil en el último mes, seguro que un muchacho en concreto me pondrían una orden de alejamiento. Sinceramente, hace tiempo que espero encontrar a la Guardia Civil en la puerta de casa cuando vuelvo del trabajo.
3. Este invento te plantea grandes dilemas morales a la hora de agregar a algunas personas. Ya sabes, el típico compañero de clase que ni fu ni fa, el hermano/a de aquella amiga, el novio de fulanita y demás modelos de seres que te dejan un buen rato meditando si aceptar o ignorar.
4. Y si te surge un dilema moral cuando no sabes qué hacer con determinada solicitud, lo que te da es resquemor cuando compruebas que alguien no te ha admitido a ti. En cierto modo es como si te hiciesen “la cobra” de la amistad.
5. El feisbuc está muy bien para volver a tener contacto con gente del pasado. Es maravilloso descubrir que tu mejor amiga del colegio se ha operado las tetas y la cara, tiene 220 fotos en las que sólo aparece ella haciendo poses estúpidas y su muro de publicaciones es una cascada de chorradas sin fundamento.
6. Todo ello no es nada comparado con la palpitación que te nace al entrar en el perfil de alguien malvado, pérfido, más malo que la tiña y/o modelo supino de la hijoputez y encontrar ese mensaje que reza “tienes un amigo en común”. Duele, palabrita del niño Jesús.
7. Me paso el día mandando cervezas virtuales a amigos con los que hace meses que no me tomo una cerveza de verdad en un bar de verdad. Manda webos.
8. Me he afiliado a grupos tan relevantes y de gran trascendencia social como “las croquetas se rebozan con las manos” o “me gusta la canción del Mercadona”.
9. He descubierto que con la granja y la pecera me pasa como con las drogas duras; que, visto lo visto, me da miedo probarlas por si me engancho.
10. Pero si el Feisbuc ha empobrecido mi alma en algún aspecto es que, desde que me abrí la dichosa cuenta, ya no puedo hacer el tonto a gusto cuando alguien hace una foto, por eso de que mañana me criticarán más de 2.000 personas, entre contactos y contactos de los contactos.
martes, 12 de enero de 2010
La teoría de Nochevieja
- Decisión del plan. Cuando eres joven, tu plan sobre qué hacer en nochevieja está definido, como muy tarde, la primera semana de diciembre. Cuando no eres joven, el mismo día 31 llamas a los amigos por la tarde y preguntas, ¿Oye, pero al final luego vamos a hacer algo o qué? También existe la posibilidad de quedar directamente después de las uvas para decidir qué vas a hacer. Por último, también puede pasar que decidas quedarte en casa.
- Atuendo. Cuando eres joven buscas un bonito vestido para la fiesta de Nochevieja. Como a principio de diciembre ya sabes qué vas a hacer, te da tiempo a buscar todos los complementos a juego con el vestido. Además, una semana antes, ya tienes cita en la peluquería para que te hagan un peinado de esos con purpurina. Cuando no eres joven, difícilmente vas a salir a comprar ropa para Nochevieja. Tiras de fondo de armario y, al final, acabas vistiendo lo mismo que cualquier fin de semana que sales.
- Hora de quedar. Cuando eres joven, a las doce y diez de la noche ya está saliendo por la puerta. Te comes las uvas, besas a los familiares y, cual correcaminos, te diriges al lugar de tu fiesta. Cuando no eres joven, quedas si eso a partir de la una, aunque la gente irá llegando si eso más bien a partir de las dos.
- Hora de recogerse. Cuando eres joven no puedes recogerte temprano. Entre otras cosas, porque debes lucir el moño con purpurina lo máximo posible. Aunque, eso sí, como has llegado a las doce y media a la fiesta, a las cinco de la mañana ya apenas puedes andar y estás como para acostarte. Pero amigo, es Nochevieja y hay que quemar los cartuchos. Cuando no eres joven, a las cinco de la mañana es cuando empiezas a pisar los bares y, sorprendentemente, terminas recogiéndote más bien pronto, porque los cartuchos te los dejaste en casa.
- Fases de la noche. Cuando eres joven, debes vivir todo el proceso de Nochevieja. Uvas, cotillón, alcohol, bailes, pelotazo, más bailes y churros. Cuando no eres joven, si te saltas alguno de los pasos, o incluso todos, tampoco pasa nada.
- Anecdotario. Cuando eres joven, recordarás con claridad todas las cosas que te sucedieron en la fiesta de Nochevieja. Es más, puede que hasta tengas fotos para aportar documentos gráficos a tus anécdotas. Luego vas comentando con todo el mundo qué hiciste esa noche. Cuando no eres joven y te pregunten por ahí, responderás: “pos bien”, sin aportar más detalles. Apenas recordarás un par de anécdotas y, por supuesto, no tendrás fotos que inmortalicen el momento. Porque, cuando no eres joven, Nochevieja es, básicamente, una noche como cualquier otra.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Cuarto y mitad de balances
Antes de nada, felices fiestas y/o vacaciones de invierno a los pocos lectores que conserva este blog.
Es fecha de mazapanes, villancicos y balances anuales. Como ando poco inspirada, me ha dado por mirar los propósitos que me marqué para este año y casi muero de risa. En serio, hay entradas de blogs que deberían autodestuirse. ¿Cuándo inventarán esa aplicación? En fin, haciendo así un resumen amplio, este año ha sido muy malo. Y no estoy deseando que se acabe porque el que viene puede ser aún peor. Dicen que son rachas, pero sigo empeñada en que Dios, la providencia, el destino o lo que quiera que haya rigiendo el universo, me tiene manía y me fustiga constantemente con el látigo de su desprecio. Como siga así, pronto podré ser un personaje de Federico García Lorca. Así que al próximo año, al 2010, le pido básicamente que no me toque los cojones.

