miércoles, 9 de diciembre de 2009

Lenguaje

¿Por qué existe tanta diferencia entre que te echen un polvo y te echen un rapapolvo?

jueves, 22 de octubre de 2009

Relax

Quería hacer una entrada con cosas que me sacan de quicio, pero creo que estoy demasiado irritable para ello. Casi mejor nos echamos unas risas...


lunes, 19 de octubre de 2009

Enlaces

Entré en esta página por error cuando buscaba otra. En su interfaz encontré una serie de enlaces de los que uno me llamó poderosamente la atención. Intenten encontrarlo ustedes.


lunes, 5 de octubre de 2009

Reflexión

Dicen que la infancia termina el día en que eres consciente de que vas a morir. Comentan que se deja de ser joven cuando los futbolistas, los cantantes y los actores que triunfan tienen menos años que tú. Aseguran que se te “pasa el arroz” cuando los de tu quinta comienzan a casarse y a tener críos y tú, además, es no tienes ni pareja, ni hipoteca, ni siquiera trabajo fijo.

En los comercios te llaman “señora”. Salen arrugas, canas y la ley de la gravedad hace su fuerza en los cuerpos. Las canciones de tu época están colocadas en la sección “remember” de los establecimientos. Te rodeas de gente que no sabe quién es ni la Bruja Avería ni Espinete. Empiezas a hacer comentarios como los que hacían tus padres y la palabra “nostalgia” aparece en tus conversaciones. Ya eres demasiado mayor para hacer ciertas cosas, para desempeñar determinados trabajos, y no puedes salir de fiesta dos días seguidos sin perder el aliento. Si no estás emparejado, te miran mal y especulan. Si sigues en casa de tus padres, eres un parásito. Ya no te dicen piropos y cuando estás en un bar, escuchas eso de “vámonos, que esto está lleno de viejos”. El transporte, el cine y el teatro son más caros. No puedes beneficiarte de subvenciones, cursos y actividades para jóvenes. Caminas por los campus universitarios y te sientes extraño, como en terreno enemigo. Todo lo que empieces debe estar lo suficientemente justificado. La experiencia te hace perder la inocencia y abrazar la apatía. El tiempo es más importante que el espacio y cada vez te cuesta más trabajo sonreír.

Vale que pinta muy dramático, pero lo peor es que, últimamente, siempre tengo esta reflexión el mismo día del mismo mes. Ains.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Me siento psicópata

Entré en aquella tienda por pura casualidad. Necesitaba hacer un simple trámite y me pillaba de camino. Abro la puerta y el dependiente levanta su cabeza atraído por el ruido. Sus ojos castaños me dejan con el culo torcido. Ante mí se muestra la perfecta reencarnación de un Dios Celta. Qué disparate de niño, discurro para mis adentros y, automáticamente, el color rojo invade mi rostro. Llega mi turno. A ver lo que digo –pienso- que en estos casos suelo soltar unas burradas del quince. El trámite se completa cordial y rápidamente. Todo ha resultado indoloro, sólo que me llevo sus ojos clavados en el alma. Me percato al salir que tengo en mi mano un ticket en el que pone: “Le atendió…” y le sigue su nombre.

Ser o no ser, esa es la cuestión. Llego a casa y la barra de Google nunca resultó tan tentadora. ¿Por qué no? A lo mejor es poeta y recita sus versos todos los miércoles a la misma hora. Puede que en sus ratos libres realice maquetas navales y acuda a las concentraciones de la ruta de los pantanos. A lo mejor sólo es el dependiente de la tienda. El caso es que me puede la, quizá malsana, curiosidad de saber qué hay tras esos hermosos ojos.

Oh sorpresa, oh dolor. El niño tiene blog, fotoblog, facebook, twenty y twitter, además de aparecer en diversos foros y webs de las asociaciones a las que pertenece. Tras unos pocos minutos, ya lo sé casi todo del chiquillo. Por un lado me siento defraudada, en 4 clicks me he cargado todo el misterio y el atractivo del muchacho, y por otro me siento psicópata, ya que sé tantas cosas de él que si tuviese dos grados más de perversión, podría llegar a ser peligrosa. Y no es que yo sea mala, es el Internet que me corrompe.