lunes, 28 de enero de 2008

Otra de murcianicos

En esta ocasión le dedico la entrada a mi querido Aga y él sabe muy bien por qué.

domingo, 27 de enero de 2008

Carnaval, Carnaval

Podría detenerme en explicar todo el sentido simbólico de esta fiesta, pero creo que lo que todo el mundo se pregunta en estas fechas es: ¿de qué me disfrazo? He de reconocer que desde que existe esto de Internet, es más fácil escoger un atuendo propio para la ocasión. De la red se pueden sacar millones de ideas. He recopilado algunos modelitos para que vayáis seleccionando vuestro uniforme carnavalesco. Que conste que todos los disfraces aquí expuestos no son sencillos de confeccionar ni siquiera son elegantes, pero os aseguro que con ellos, seréis la sensación de la fiesta. Veamos pues la colección...


¿Cómo se le puede hacer esto a Batman?


Éste me encanta. Dice: soy complicado pero no podrás dejar de jugar conmigo, ains.


Si te gustan las broncas, éste es tu disfraz. Tienes al menos un par de aguantazos asegurados.


Pero si te consideras un ser puramente escatológico, tendrás que decantarte por este disfraz. Estoy segura de que serás el centro de todas las miradas, sobre todo de las femeninas.


Para los que echan de menos las tardes en las salas de juegos recreativos... además te aseguras bromas con los temas: palanca + botones y por dónde meter la moneda.


Éste es idóneo para los amantes de la música, claro que necesitarás a un par de amigos.


Si lo tuyo son las series de televisión, te aconsejo que encarnes al personaje más entrañable de las animación actual.

Bueno, espero que esta entrada le haya servido a quien ande sin ideas para el carnaval. ¡Que lo paséis muy bien!

viernes, 25 de enero de 2008

100% etiqueta

Resulta curioso cómo tenemos la constante necesidad de etiquetar a la gente. Según los eruditos de la sociología, ésta es una de las peculiaridades de la sociedad en la que vivimos. Quizá sea de manera inconsciente, pero necesitamos encuadrar a nuestros conocidos en secciones: ya sea por tribu urbana, por geografía, por ideología religiosa o política o por los más simples clichés: el gracioso del grupo, el bohemio, el responsable, el raro...

La ubicación del personal se basa en una triste reducción de esquemas. Pero no es una reducción de esquemas lógica sino social. Cuando nos presentan ante desconocidos, unas cuantas etiquetas de éstas servirán para definirnos. Por supuesto, cuanta más amistad o grado de afinidad, más variadas serán las etiquetas que nos describan. Personalmente me hace gracia imaginar cómo nuestro entorno se convierte en una despensa donde le vamos poniendo un nombre a cada tarro y lo colocamos en una estantería determinada.

El problema es que, aunque existan unos estándares establecidos, en las etiquetas complejas las definiciones de una a otra personas pueden variar. Con esto pasa un poco como con los sustantivos sensoriales; el amor, la amistad, el odio... aunque aparezcan escritos en el diccionario con una definición concreta, cada uno tiene un concepto personal de lo que son. Realmente me resulta curioso cuando una persona presenta bajo una determinada etiqueta y el desconocido sale por peteneras. Véase el siguiente caso:

- Conocido etiquetando:"mi amiga fulanita es gótica"
- Desconocido recibiendo la etiqueta: "anda, ¿entonces se quiere suicidar?"

Supongo que aquí ya entran en juego diversos factores como los estereotipos o la cultura que posea cada uno. También cabe destacar a ese tipo de personas que cuando te colocan una etiqueta, no te la quitan ni con agua caliente. Éstas personas son capaces de estar a tu lado años y un buen día decirte: "me sorprendiste el otro día cuando hiciste (sirva cualquier ejemplo), no pensaba que eras tan (sirva cualquier otro ejemplo)". Y claro que se sorprenden porque te han puesto un cerco mental del que te has salido sin previo aviso ni petición.

Lo cierto y verdad es que, desde hace algún tiempo, he observado con atención a mi alrededor para obtener conclusiones. He logrado percibir que cuando la gente no consigue etiquetarte, se pone un tanto nerviosa. Yo precisamente soy de esas personas un poco inclasificable y muchos de mis amigos me han manifestado el desazón que eso les produce. Reconozco que en ocasiones yo también caigo en el perverso juego social y necesito etiquetar. Lo mejor va a ser recurrir al cine y exclamar: ¡moriremos sin las etiquetas puestas!


miércoles, 23 de enero de 2008

La ruta natural

Hoy toca descansar de darle a las teclas, pero no por ello vamos a dejar de reflexionar (que sé que os gusta, viciosos). Si tenéis exactamente 9.30 minutos, echadle un vistazo a este cortometraje. Os aseguro que merece la pena. Aparte del mensaje que es acojonante, quien disfrute ante una buena realización, se puede hasta emocionar. Espero que os guste.


martes, 22 de enero de 2008

Historias patéticas II

Hay gente que tiene un don innato para ciertas cosas como encontrar aparcamiento, tocar un instrumento de oído o hacer punto de cruz. Yo tengo un don innato para atraer a gente extraña. Ya dije en este blog que bajo el epígrafe "Historias patéticas" podría recrear todo un serial, siempre basado en hechos reales. Hoy me apetece contar uno de los extraños sucesos que me ocurren con más frecuencia de lo que desearía.

Era un sábado por la noche de agosto. Mi querida María y yo, que jamás hemos sabido qué es eso de vacacionar, nos disponíamos a dar una vuelta por la apagada ciudad. Como suele suceder por esas fechas, todos los bares estaban cerrados. Tras dar 200 vueltas para comprobar si había algún garito abierto, aunque fuera para jugar al dominó con la tercera edad, nos dimos por vencidas. Pero teníamos un cuerpo de jota que no nos lo aguantábamos, así que nos montamos en el coche y nos dispusimos a viajar hasta una indeseada aglomeración de bares situada a unos cuantos kilómetros de la ciudad.

Llegamos con relativa suerte y, como no conocíamos ningún bar de aquella zona, acordamos entrar por la primera puerta que encontrásemos abierta. Y así hicimos. Aparecimos en una discoteca repleta de menores de edad que se habían metido en el cuerpo más gramos de cocaína que años habían cumplido. En dicho local sólo pinchaban reggaeton y ponían garrafón en tal cantidad que hasta el cristal del vaso se derretía. En la hora que permanecimos en aquel antro me abordaron dudas existenciales: pensé que si la justicia divina acordaba que había sido una mujer perversa el día del juicio final, me mandarían a ese bar para el resto de mi eternidad.

Cambiamos de local y nos fuimos a otro que no pintaba mucho mejor. Fue en ese lugar donde tuve mi experiencia extrasensorial. Se me acercó un muchacho y empezó a decirme tonterías. Como pasaba de él me agarró y me dijo: "Mira niña, me has dejado loco. Tengo algo que proponerte. Yo tengo unas tierras por aquí y me estoy haciendo una casa. Te puedes venir a vivir conmigo. Claro que no estaríamos solos. Estoy divorciado y tengo tres hijos. En cuanto estemos viviendo juntos, le pienso quitar la custodia a la zorra de mi ex-mujer... Te voy a poner la cocina a tu gusto para que estés toda la mañana entretenida haciéndonos de comer a mí y a los niños. Y si te portas bien, te voy a dar todos los meses 300 euros para que te compres cosas bonitas. ¿Qué me dices?..."

Apenas podía articular palabra después de lo que acababa de escuchar. Por suerte, a mi querida María y a mí nos sobra un gesto para entendernos, así que me agarró con premura y salimos de aquel antro echando mistos con la excusa de que nos estaban esperando no sé dónde. Nada más salir, mi querida acompañante me preguntó que qué había pasado pues, parece ser, andaba más blanca de piel de lo habitual. Yo quería contarle lo que aquel individuo me había propuesto, pero sólo pude exclamar una frase:

¡¡¡¡Atiende el gañanazo!!!!