lunes, 21 de enero de 2008

A Jugarrrrrrrrrrr

A veces me paro a plantearme cosas un tanto absurdas como a qué concurso de televisión podría ir a ganar pasta. Bueno, absurdas en cierta medida porque cierto es que necesito parné. Pero más cierto es que me pone histérica verme en la caja tonta, así que un día tendré que resolver esa disyuntiva y ver si me puede más la necesidad económica o la estética.

El caso es que yo siempre he querido ir a "Saber y ganar", que es el concurso de los culturetas, pero algo me dice que me ventilarían más bien pronto que tarde de los estudios de Sant Cugat. Con el de "50x15" me pasa una cosa muy rara y es que me cuelo en las primeras preguntas, que supuestamente son las más chorras. Claro que las que van de la 5 a la 10 las suelo acertar, pero si no llego porque respondo mal la pregunta ¿Qué afilan los afiladores? me puede dar algo. Con el de "Cifras y letras" me pasa algo parecido, saco las cifras sin dificultad, pero soy incapaz de formar palabras con cierta gracia. ¿A que me he equivocado de profesión? Con el de "Identity" me da la risa porque no acierto ni uno. Al final va a ser verdad que me faltan prejuicios. Y el de las cajas, con la suerte que tengo, no me llevo ni la docena de pasas.

El nuevo concurso de las canciones me pone histérica. Con lo melómana que me considero, podrían perfectamente eliminarme en la primera ronda si me ponen, por ejemplo, un tema de Estopa o similares. El de los niños repelentes de primaria ya lo han quitado, pero ese concurso me producía hasta dolor de estómago. Jamás podría decir lo de: "sé menos que un niño de primaria". Pregúntale a esos mocosos sobre el exsistencialismo ateo o la sociología post-modernista. Que conste que en mi colegio a los críos así de repelentes los corríamos a pedradas en el recreo.

Si no es por no ir, es que no me convence ninguno. Lo bueno sería que inventaran un concurso que consistiera en torturar a los niños de primaria y dieran mucho dinero por ello.

domingo, 20 de enero de 2008

La contra-crónica del concierto

Me dispongo a hacer la crónica no publicada o contra-crónica del concierto de El Chivi del viernes pasado. Por supuesto, se la dedico a Ego, gran seguidora y fan número 1 del pornoautor.

El recital supuestamente empezaba a la 10.30, hora zulú. Aunque el intérprete comenzó a exponer su repertorio pasada la media noche, para disgusto de los que teníamos que madrugar. El local estaba abarrotado. Cabe destacar que la primera fila estaba compuesta por dos colectivos: un grupo de reputados periodistas de la Región y una pandilla de frikis pequeños que en sí eran un amalgama de tribus urbanas mal definidas. A día de hoy, todavía no sé cómo me convencieron para ir a la actuación, pero he de reconocer que, aunque jamás había escuchado un tema del citado intérprete, disfruté del concierto como el que más y me reí, me reí mucho.

El pornoautor interpretó los temas más destacados de su repertorio, pero también introdujo unas cuantas canciones de su próximo trabajo que será, según él, también canalla pero algo más serio. A destacar la canción que tiernamente El Chivi dedicó a su fan murciana número uno. Nos hizo a todos mucha ilusión y aún así, ni una décima parte de la que le hizo a ella. Otro momento reseñable de la noche fue cuando el cantante hablaba de necrofilia y, justo la persona que estaba a mi izquierda, me comentó en un tono de voz bastante elevado: "coño necrofilia, ¿nena, eso no es lo que te gusta a ti?" Menos mal que un día perdí la vergüenza y todavía no la he recuperado... Como esto es una crónica subjetiva, he de añadir que las canciones que más me divirtieron fueron la del psicópata tipical spanish y la del polvo entre pijos con los condones de Don Algodón.

La crónica del concierto termina aquí, pero no los efectos colaterales de la actuación ya que llevo todo el fin de semana escuchando en estéreo de secciones de redacción los temas más destacados de la discografía de El Chivi. Supongo que a mí también me ha afectado tan espectacular actuación, pues mi resumen de este fin de semana se basa en que todos somos travelos y necrófilos y, principalmente, en que todo está conectado.

Y respecto a lo de que todo está conectado, perpleja he quedado con este documento hayado en la red. ¡Cuánto pervertido!

viernes, 18 de enero de 2008

Primer decálogo del año

Bueno, aunque se ha resistido un poco a salir, ahí va el primer decálogo del año. Éstas son las diez primeras cosas de las que me he dado cuenta en 2008.

1. Hay gente que al despedirse no dice adiós ni chao ni un besi. Simplemente exclaman “salud”. ¿Qué mejor deseo se puede llevar uno en la despedida?

2. En ningún bar, pub o discoteca de Murcia te ponen la Lambada. Aún así, pienso seguir pidiendo el citado tema en al menos 20 sitios más. He de conseguirlo.

3. Me ha quedado claro que es necesario soltarse la melena. Lo que me gustaría saber ahora es cómo.

4. Me habían llegado a preguntar de qué marca era mi perro, pero jamás me habían dicho que mi querido Ed era de imitación (en lugar de cruce de razas). Señor, líbranos de la sociedad consumista.

5. Los análisis médicos laborales son como reuniones sindicalistas. Diferentes gremios reunidos en una sala y todos comentando lo poco que cobran para lo mucho que trabajan.

6. Vale que sólo son una prácticas, pero aún así es escalofriante escuchar: “pofesora, ya sabemos cuál es tu coche”.

7. No sé si es mejor que no te escuchen cuando hablas o que te escuchen con atención y saquen conclusiones que te encasillen para el fin de los tiempos.

8. Tengo un poder de abstracción que me asusta. Soy capaz de eludir una película de origen asiático de tres horas y media mediante correlativos viajes astrales. Es que… con todos mis respetos, qué coñazo de flores de loto.

9. Definitivamente no sé apreciar el arte moderno. Que ponga el grito en el cielo porque una foto de una puerta cueste 3.000 euros me convertirá en una cateta. Aún así, creo que soy una cateta bastante sensata.

10. Algo debe significar que tengas una pesadilla con una persona y, en la misma noche, esa misma persona tenga una pesadilla contigo. ¿Eso es odio o amor?

jueves, 17 de enero de 2008

Dedicatoria especial

Porque es la única persona que durante años me ha apreciado en la distancia y casi en el anonimato. Porque siempre me ha querido como soy. Porque nunca me ha juzgado. Porque siempre me ha hecho sonreír. Porque ha sabido escucharme. Porque ha conseguido que, pese a ser tan hermética, resulte tarea fácil compartir las penas y alegrías. Porque siempre me ha dado buenos consejos. Porque ha conseguido que me quiera un poco más. Porque siempre me ha dado sin esperar nada a cambio. Porque se ha alegrado de mis cosas buenas y entristecido con mis malos ratos. Porque es un ejemplo de superación. Porque es de las personas más optimistas que conozco. Porque consigue poner paz hasta en mi jornada más desquiciante. Porque siempre me anima a no rendirme. Porque sus debates políticos son de más interés que el debate del Estado de la Nación. Porque tiene voz de radionovela... y por millones de cosas más, aquí le dejo un pequeño regalo que espero que le alegre el día, como tantas veces me lo ha alegrado él a mí. Un besis corasón.

miércoles, 16 de enero de 2008

Le puede pasar a cualquiera

Como todos los días, andas apresurado camino hacia ningún sitio. Entre las caras sin rostro de la gente, te parece apreciar unos rasgos familiares. En cuestión de milisegundos, y antes de que tu cerebro haya mandado a unas cuantas neuronas a buscar en el archivo de tu memoria, notas cómo tu corazón se acelera. Sólo entonces reaccionas y eres consciente de que ese rostro es más que conocido. Te has recreado en el mosaico de su piel, en cada uno de sus rasgos, incluso has llegado a contar cada una de sus pecas. El choque es inminente y tu cerebro sigue mandando puñados de neuronas que sientes correr sin orden ni acierto. Entonces todo se reproduce a cámara lenta. Ves cómo sus labios se abren lentamente en una sonrisa, de ésas que en ocasiones te alegraban el día, y cómo sus pasos son pausados pero firmes. Entra tanta calma, apenas tienes tiempo para pensar.

Y se produce el temido encuentro. Gestos de sorpresa, dos besos de rigor y conversación temática de cómo te va la vida. Sabes de sobra que todas tus palabras y movimientos serán duramente revisados en un autoanálisis posterior, aún así apenas meditas tus comentarios y gestos. Sus labios se mueven pero el fuerte latido de tu corazón no te deja escuchar ni una sola palabra. Toda una serie de sensaciones se agolpan y haces un rápido e intenso balance de lo bueno y de lo malo. Antes de poder sacar una conclusión para actuar, algo te impulsa a esperar como agua de mayo un comentario sobre el pasado. Sólo un pequeño inciso que te dé pie para poder decir te echo de menos. Pero eso no sucede. La conversación sólo avanza de presente a futuro y evitas a toda costa la pregunta de ¿estás con alguien? Al menos evitas contestarla primero, porque el segundo turno siempre te deja la opción de contar una mentira piadosa, por supuesto, piadosa para ti. Han pasado ya como 15 minutos pero una vez más, sigues sin saber salir de esos ojos oscuros. Entonces llegan las prisas, el a ver si quedamos, el me alegro de verte y... nada más. Y te sientes tan defraudado como en la última despedida.

Es entonces cuando el tiempo se acelera y tus pasos con él. Buscas cualquier esquina a salvo de su mirada para poder recuperar el aliento. Aprovechas ese instante y te tiras un jarro de agua helada para seguir temblando al menos unos días más. Y mientras miras firmemente al suelo, pides a lo que quiera que haya rigiendo la providencia, que jamás vuelvas a diferenciar ese rostro entre la multitud.