lunes, 14 de enero de 2008

Evaluar los sentimientos

Pasaban ya dos horas desde que entramos en el aula, previa carrera de relevos desde la facultad de Medicina. La mayoría de mis compañeros apoyaban sus mejillas sobre sus manos para impedir dar el temido cabezazo. Yo en cambio, con los ojos como platos, disfrutaba de la ponencia como una enana. El docente es uno de los más peculiares que me he cruzado en mi larga carrera académica. Para muestra, un botón:

Profesor: Si mis alumnos llegan un minuto tarde, no les dejo entrar.
Alumna: ¿Usted nunca ha llegado tarde?
Profesor: En mis 28 años de docencia, nunca.
Alumna: ¿Y no se le podría hacer tarde algún día?
Profesor: Hombre, quizás se me hiciera tarde si se partiera el eje de la tierra.

No sé si el citado profesor ha notado que era la única que me descojonaba con sus sátiras, pero me ha lanzado una pregunta de ésas que de primeras parecen retóricas: "A ver, señorita, ¿usted cree que, en el ámbito académico, los sentimientos se pueden evaluar?". Claro que sí, le respondo. El hombre, totalmente descuadrado, me pide que argumente mi respuesta. Le he contado que en todos mis años de estudianta venía notando cuándo un compañero sentía pasión por determinada materia. Que conocía gente realmente enamorada de la literatura, la música o la química. Que no era raro que un estudiante tuviese un flechazo con alguna asignatura y que eso se podía apreciar. Ahora que estoy, aunque sea por un breve periodo de tiempo, al otro lado, sigo notando ese amor incondicional del alumno ante una determinada materia. Quizás si fuese profesora, no sería justo que diera medio punto más a quien se enamore de mi asignatura... pero ¿por qué no? Hay docentes que evalúan con una serie de parámetros que a mí me resultan ridículos.

El profesor, tras escuchar pacientemente mi alegato romántico, ha guardado unos segundos de silencio y ha proseguido con su ponencia: "bien, creo que van a abrir un instituto en las nubes, quizá alguno de ustedes quiera saber si ofertan plazas"... En fin, habrá que mirar por si sale alguna oposición para profesor sentimental.

domingo, 13 de enero de 2008

Entrada altamente encabronante

Nunca he entendido a la gente que disfruta su tiempo libre matando animales. Esto que suena un tanto duro, no es más que lo que vulgarmente se entiende como el arte de la caza. El tema al que me vengo a referir está vigente desde hace algunos años, pero yo me he enterado en los últimos días. Bendita sociedad de la información.

El caso es que los gobiernos de Noruega, Alaska e Islandia autorizaron la caza limitada de focas para no desestabilizar el ecosistema pesquero. Pero esto no es lo más sangrante. Las agencias de viajes, que están en todo, comenzaron a ofertar un paquete turístico vacacional en el que, con un recargo de unos cuantos dólares, el turista podía matar focas con sus propias manos.

Me he puesto a buscar información sobre el tema en Internet, pero hay tanta y tan poco concreta que no consigo recopilar algo coherente, por eso no os dejo enlaces. Del mismo modo, las informaciones no son muy recientes. En algunos foros más actuales aseguran que con todo el revuelo público del asunto, ahora no se oferta la matanza de focas públicamente, pero se sigue comercializando de estrangis.

¿Qué tipo de personas pueden sostener tan cruel mercado?, ¿qué tipo de persona paga por asesinar animales inocentes?, ¿qué tipo de persona se lucra con ello?, ¿qué tipo de persona lo consiente? Yo sigo teniendo fe en que el hombre no es malo por naturaleza, pero ante hechos como éste, no te queda más remedio que revisar tu calendario de creencias.

sábado, 12 de enero de 2008

Enamorada de la moda juvenil

No me iba a las rebajas más o menos desde que la mili se hacía con lanza. Pero hoy me ha dado por rememorar antiguas sensaciones. Eso sí, en mi horario de compra habitual que es de 1.30 a 3.30 de la tarde. Me puedo poner de lo más antisocial e incluso agresiva con las aglomeraciones de las tiendas. Y es que, nunca me ha gustado ir de compras y como cada vez aprecio más mi tiempo, cada vez lo detesto más.

Llego, no sin cierta dificultar, al mega centro comercial de turno. Observo a mi alrededor y me percato de que llevo, sin muy bien quererlo, el uniforme de rebajas: ropa cómoda, calzado plano, pelo recogido y bolso bandolera. Claro que algo me diferenciaba del resto de muchachas, me faltaba un apéndice sujetando mi mano derecha. (Llámese apéndice al novio aburrido y preguntando cada 3 minutos, "¿cuando nos vamos?").

Empiezo dando 200 vueltas a la espiral de comercios conglomerados en el centro comercial. Llego a la primera tienda y noto como mi talla no existe en ninguno de los artículos. Miento, sí que había una prenda que me podía ajustar: un suéter negro de manga corta. Qué suerte, como no tengo ninguno así... Tras otras 200 vueltas, voy a la tienda de bisutería a ver si el carísimo collar que vi antes de navidades estaba rebajado. Efectivamente estaba rebajado, un euro con treinta céntimos!!! Dios mío qué chollazo. Al final, me pruebo el collar que iluminaba la maravillosa cara de gilipollas que se me estaba quedando, y me lo llevo. Al menos me he ahorrado la importante cantidad de un euro con treinta céntimos... Otras 200 vueltas más tarde, llego a la zapatería. Veo la botas de mis sueños: cuero, correas y tachuelas, arggg. Miro las botas, ellas me miran, yo me enamoro, ellas me siguen mirando hasta que rompe la magia la dependienta. ¿Te saco tu número? Sigo mirando las botas y empiezo a explicarme: "no, si me gustan mucho, pero es que no sé si me gustan a secas o me gustan para mí, es que necesito unas botas y éstas me encantan pero no sé si llevármelas, porque claro, luegoconquételasponesporquelasvesmuybonicasyluegono te va con na da... Efectivamente, me había quedado hablando sola.

Al final he perdido 3 horas para comprar un suéter negro de manga corta para unir a mi magnífica colección y un collar que podría tener ya meses. Creo que iré de nuevo a las rebajas cuando se vuelva a hacer la mili con lanza.

viernes, 11 de enero de 2008

Malos tiempos para la lírica

Salíamos del reconocimiento médico, nunca mejor dicho, pues nos sonaba la cara del doctor y no sabíamos de qué. Él nos reconoció a nosotras y nosotras todavía estamos intentando reconocerle. Tras la consulta, perpetramos el ritual de tomarnos “un coca cola” en el bar más cercano y acompañarlo de una agradable charla. Tratamos los temas de siempre, nos comentamos sentires y pareceres, analizamos sucesos, hicimos un rato el gilipollas (que sino, no somos nosotras) y entonces me sorprendió con esta pregunta: ¿te has dado cuenta de que en un futuro no muy lejano, sólo tendremos relaciones esporádicas? La pregunta me sorprendió gratamente porque normalmente suelo ser yo la que plantea los interrogantes sociológicos. Entonces le pedí amablemente que desarrollara su hipótesis.

Mi querida interlocutora comenzó a relatarme cómo imaginaba las relaciones en el futuro. Ya no habrá parejas, me decía, será todo esporádico, sin estabilidad ni compromiso. Te irás a vivir con una persona y, cuando te canses, pues a otra casa con otra persona y así. Habrá mucha más infidelidad, pero ya no se verá como algo raro, sino como algo normal. Gobierne quien gobierne, el problema está en nosotros y no en las leyes. Al final nos vamos a quedar dando tumbos, no ya hasta los treinta y largos como ahora, sino toda la vida. Dentro de muy poco, los matrimonios como los de nuestros padres, serán una anécdota…

Entonces me limité a preguntarle, ¿y qué vamos a hacer los románticos? Me miró fijamente y se encogió de hombros. Tras la dura reflexión, nos quedamos un momento pensando y sin hablar. ¿No me vas a dar tu opinión?, reclamó mi interlocutora. Por una vez, le dije, prefiero no pensar.


miércoles, 9 de enero de 2008

Qué será, será

Bueno, esto sólo tiene gracia si lo hacéis vosotros también. Así que, si os apetece, tomaros un par de minutos y contestad a las preguntillas. La autora del blog y varios seres de ultratumba os quedarán muy agradecidos.

1. Si fuera un mes, sería: octubre o quizás noviembre.
2. Si fuera un animal, sería: un perro, me temo que de los que son carne de perrera.
3. Si fuera una canción, sería: ¿una sola? Mínimo un recopilatorio.
4. Si fuera una película, sería: mezcla entre Amelie y Briget Jones.
5. Si fuera un olor, sería: el del asfalto mojado después de la lluvia.
6. Si fuera un sabor, sería: siempre agridulce.
7. Si fuera un dibujo animado, sería: bueno, venga, va, la Heidy.
8. Si fuera un número, sería: uno par.
9. Si fuera un libro, sería: cualquiera de Kafka.
10. Si fuera un color, sería: el negro.
11. Si fuera una ciudad, sería: Murcia.
12. Si fuera un idioma, sería: el esperanto.