Ahí va una oda al Panocho de parte de una chirigota de los carnavales de Molina de Segura.
martes, 8 de enero de 2008
lunes, 7 de enero de 2008
Habitantes de la casa

Cuando vivía en La Mancha, mi casa era tan antigua que pertenecía al patrimonio histórico. De hecho, una vez se levantó una baldosa y en lugar de llamar a un albañil, tuve que ponerme en contacto con un arqueólogo. La vivienda era propiedad de la empresa, así que el precio del alquiler era ridículo o más bien, ajustado al precario sueldo del profesional de la información. Nada más llegar, investigué sobre mi casa y descubrí que en ella durmió siglos atrás Santa Teresa de Jesús. Visto el plano antiguo y estableciendo las correspondencias, la religiosa pernoctó en mi habitación, pero ése no es el asunto.
Parece ser que la vivienda perteneció a una mujer llamada Alfonsa que nació, vivió y murió allí. Todo el que pasó por esa casa, afirmaba que Alfonsa aún no se había marchado, pero yo siempre he creído que el poder de la sugestión hace milagros. Lo cierto es que aquella morada era de lo más siniestra. Estructura antigua, muebles de anticuario, cuadros de señores que quizás alguien conoció alguna vez, un sótano al que nadie se atrevió a bajar nunca… pero para mí no era más que una casa vieja.
El caso es que, cuando mi compañero de piso se marchó a su cornisa cantábrica natal a trabajar, me advirtió de que no hiciera caso a lo que me decían los que por allí habían pasado, que en esa casa no ocurría nada. Cuando regresé a Murcia, intercambiamos opiniones y vivencias y sólo entonces reconoció haberme mentido.
En mis largos meses de estancia notaba cosas, pero siempre me vencía la razón. Relacionaba leyes físicas a veces inexistentes con los sucesos, quizás para no volverme loca. Pero ocurrieron hechos que mi raciocinio jamás pudo ni podrá explicar. Cuando volvía a Murcia algún fin de semana, mi madre siempre me daba flores para alegrar mi vivienda. Lamentablemente, ninguna de esas flores llegó a decorar el salón pues en un par de horas se secaban y morían. De todo lo que viví entre esas cuatro paredes, puedo destacar la mañana que estaba durmiendo con puertas y ventanas cerradas y se abrieron las tres puertas del armario de golpe. Únicamente me asuste un poquillo cuando la gramola del siglo XIX, que adornaba el pasillo, comenzó a sonar sin tener ni disco ni un cable para recibir corriente de ningún sitio.
A veces se me ponían un poco los pelillos de punta, pero no tenía a dónde ir, así que terminé por asumir que tendría que compartir piso con Alfonsa. Qué queréis que os diga, al menos no dejaba pelos en la bañera. Muy pocos conocidos visitaron esa casa mientras vivía allí. Y los que lo hicieron, me decían siempre lo mismo: “deberías irte de aquí o al menos, llamar a Íker Jiménez”.
Parece ser que la vivienda perteneció a una mujer llamada Alfonsa que nació, vivió y murió allí. Todo el que pasó por esa casa, afirmaba que Alfonsa aún no se había marchado, pero yo siempre he creído que el poder de la sugestión hace milagros. Lo cierto es que aquella morada era de lo más siniestra. Estructura antigua, muebles de anticuario, cuadros de señores que quizás alguien conoció alguna vez, un sótano al que nadie se atrevió a bajar nunca… pero para mí no era más que una casa vieja.
El caso es que, cuando mi compañero de piso se marchó a su cornisa cantábrica natal a trabajar, me advirtió de que no hiciera caso a lo que me decían los que por allí habían pasado, que en esa casa no ocurría nada. Cuando regresé a Murcia, intercambiamos opiniones y vivencias y sólo entonces reconoció haberme mentido.
En mis largos meses de estancia notaba cosas, pero siempre me vencía la razón. Relacionaba leyes físicas a veces inexistentes con los sucesos, quizás para no volverme loca. Pero ocurrieron hechos que mi raciocinio jamás pudo ni podrá explicar. Cuando volvía a Murcia algún fin de semana, mi madre siempre me daba flores para alegrar mi vivienda. Lamentablemente, ninguna de esas flores llegó a decorar el salón pues en un par de horas se secaban y morían. De todo lo que viví entre esas cuatro paredes, puedo destacar la mañana que estaba durmiendo con puertas y ventanas cerradas y se abrieron las tres puertas del armario de golpe. Únicamente me asuste un poquillo cuando la gramola del siglo XIX, que adornaba el pasillo, comenzó a sonar sin tener ni disco ni un cable para recibir corriente de ningún sitio.
A veces se me ponían un poco los pelillos de punta, pero no tenía a dónde ir, así que terminé por asumir que tendría que compartir piso con Alfonsa. Qué queréis que os diga, al menos no dejaba pelos en la bañera. Muy pocos conocidos visitaron esa casa mientras vivía allí. Y los que lo hicieron, me decían siempre lo mismo: “deberías irte de aquí o al menos, llamar a Íker Jiménez”.
viernes, 4 de enero de 2008
Carta a los Reyes Magos
Queridos Reyes Magos:
Hace ahora 18 años que dejé de creer en vosotros. Fue justo el día que apareció en mi casa el señor repartidor de El Corte Inglés y yo tuve que buscar a mi mamá para que le firmara el "pedido de los juguetes". Maldito desalmado descontento con su profesión... Pero no estoy frustrada por aquello, todavía me queda el consuelo de saber que Don Felipe de Borbón descubrió mucho antes que yo que los reyes eran los padres.
Hace ahora 18 años que dejé de creer en vosotros. Fue justo el día que apareció en mi casa el señor repartidor de El Corte Inglés y yo tuve que buscar a mi mamá para que le firmara el "pedido de los juguetes". Maldito desalmado descontento con su profesión... Pero no estoy frustrada por aquello, todavía me queda el consuelo de saber que Don Felipe de Borbón descubrió mucho antes que yo que los reyes eran los padres.
Recuerdo las cartas que os mandaba de cría. Yo era la única gilipollas de la clase que pedía paz en el mundo en lugar de la barbie y al final, siempre me traíais la barbie con una nota anexa que decía: "es que lo de la paz en el mundo es muy difícil". Entonces me di cuenta de que vosotros teníais mucho más a mano los juguetes que las cosas que realmente me importaban. Así que supuse, a tan tierna edad, que lo de magos era por llegar a todas las casas de España en una sola noche, más que por cualquier otra cosa.
Ha llovido mucho, y mira que en Murcia no llueve, pero este año me propongo volver a escribiros la carta como cuando era cría. Y al igual que entonces, no quiero absolutamente nada material. En primer lugar, quiero mucha salud para mí y para los que me rodean. Y haced el favor de estiraros que sabéis que hay unas cuantas personas muy cercanas, especialmente una, a las que les hace falta de verdad. También quiero que me traigáis mucha fuerza y paciencia para poder soportar los palos de la vida sin venirme abajo y un poquito de optimismo para poder ver el vaso medio lleno, aunque sólo sea de vez en cuando. El resto de cosas, ya me las curro yo solita.
También me gustaría que le traigáis algo a todas las personas a las que quiero. Vosotros ya sabéis tan bien como yo qué es lo que más necesita cada uno, así que os pido que empecéis a sacar de esas bolsas de terciopelo rojo salud, amor, dinero, felicidad, suerte, estabilidad, tranquilidad, un buen curro, una vivienda digna y todo lo bueno que se merecen los míos.
A ver si este año os ponéis las pilas y me demostráis que sois magos de una puñetera vez.
PD: en vez de leche, os dejo el Chivas de la cesta de navidad del curro, que no sé que coño hacer con él. Besisss Reyes Magos!!
miércoles, 2 de enero de 2008
Fantasmas en Murcia
Antes de nada, quiero agradecer a Fabi que me haya pasado tan interesante artículo vía e-mail. Qué apañao que es este muchacho, está en todo (más besis, chatín). El diario 20 minutos informa sobre la publicación de un libro de Benjamín Amo. En el manuscrito, el escritor recoge 15 leyendas de fantasmas en Murcia. Antes de comentar tres de ellas (si os interesa el tema, pinchad el enlacillo), he de comprometerme con que algún día contaré mis vivencias personales con fantasmas que por cierto, se localizan durante mi estancia en la Mancha manchega.Volviendo a la huerta del Segura, el escritor destaca que la leyenda más importante es la que gira entorno al teatro Romea. Parece ser que para la construcción de tan insigne monumento, les fueron expropiadas las tierras a los monjes dominicos. Los religiosos vaticinaron tres incendios en el lugar y por el momento, se han producido dos. Algún día investigaré este tema a fondo, pero creo que los incendios coinciden con las dos finales del concurso "Veo Veo" que acogió el citado teatro. Para qué nos vamos a engañar... todos sospechamos que Teresa Rabal está poseída.
Otra leyenda que cabe destacar es la del palacio de los Saavedra, que estaba situado en la Plaza de Santa Eulalia. Parece ser que uno de los hermanos Saavedra liquidó allí a su esposa por haberle sido infiel y, aseguran, el fantasma de la dama se aparece en los tejados entre terribles lamentos. Lo bueno que tiene ser fantasma en esta zona es que, como está rodeada de bares, pues pasas más desapercibido. A ver cómo distingues el lamento fantasmal de los lamentos etílicos de los "espíritus" trasnochados del lugar. Aún así, pienso fijarme más la próxima vez que pase por allí a ver si sale también el espíritu de Saavedra y podemos cantarle eso de: "el venao, el venao".
También me ha llamado la atención la leyenda de los lamentos que se escuchan en la biblioteca de Alcantarilla al caer la media noche. Parece ser que durante el siglo XVIII, estuvo ubicada en el mismo lugar la sede de la Santa Inquisición. Por todos es sabido que en Alcantarilla se produjo la quema de brujas más salvaje de la Región en aquel siglo, pero aún a riesgo de ser desconfiada, juraría que los lamentos provienen de los opositores que se están estudiando el temario más o menos desde aquel siglo y todavía andan sin plaza.
Echo de menos algunas leyendas que pululan en lugares como Lorca, Bullas o Cehegín, pero después de esto, no se puede decir que en Murcia no hay fantasmas.
martes, 1 de enero de 2008
Un negocio de muerte
No me resisto a comentar algo acerca de una noticia que hoy he visto en el telediario. Parece ser que en Alemania han creado un canal de televisión, Etos TV, cuya temática integral es la muerte. En un principio, tendrá una emisión de 6 horas y está destinada a hacer una especie de esquelas audiovisuales. Por el módico precio de 2.000 euros, las familias que lo deseen, podrán encargar una elegía televisiva de dos minutos en memoria de su difunto.
Los vídeos-esquela engloban una pequeña historia sobre la vida del ausente, así como imágenes del nicho o panteón, su esquela y demás detalles macabros. En una entrevista a Televisión Española, el creador de tan curioso canal apostaba por ampliar su franquicia al mercado de la radiodifusión española. Teniendo en cuenta que hay gente que compra el periódico sólo para ver las esquelas, no creo que el negocio le vaya mal por aquí. Aunque no sé si el público patrio estaría preparado para tales documentos televisivos.
Aunque en este canal, no todo son esquelas. También comentaba el padre de la criatura en la citada entrevista, que se habían percatado de que había mucha gente a la que le gustaba deambular por los cementerios con el fin de encontrar paz y relajarse. Por este motivo, también se incluiría en la programación un tour por los campos santos del país. No especifican si sería tipo reportaje o con cámaras en vivo para crear el "Gran Cementerio". Por último, afirmaba el director de Etos TV que si la cosa marchaba bien, más adelante aumentarían las horas de programación con otro tipo de contenidos que no ha especificado.
Habrá gente en contra y a favor de los servicios de este peculiar canal de televisión. Espero que no se me tilde de sórdida por lo que voy a decir, pero lo único que saco en claro es que cada vez la muerte es un negocio más rentable.
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