viernes, 2 de noviembre de 2018

Reflexión sobre la eternidad

La muerte nos hace eternos, se lleva nuestro dolor y nos sitúa por encima del bien y del mal. 

En una sociedad donde todo es efímero, donde nada dura mucho tiempo, la muerte nos permite ser imborrables, indelebles, imperturbables. Nos fija en la historia y en la memoria de los demás como un fotograma. Lo que somos tras su paso, seremos para siempre. 

El amor, la amistad, los principios son traicionados y modificados cada vez más rápido. El epitafio,  el gélido mármol y los recuerdos no cambiarán mañana. 


Crudelius est, quam mori, semper timere mortem.



viernes, 1 de septiembre de 2017

Sería más fácil

Una relación puede terminar por muchos motivos. En mi caso no es porque mi expareja y yo no nos quisiéramos. El problema siempre ha sido que su familia se ha metido por medio y nos ha hecho infelices hasta aborrecernos. 

En mi casa siempre se le ha respetado y se le ha tratado como a uno más. Pese a que él no era el tipo de persona que unos padres querrían para su hija, se le ha acogido por hacerme feliz a mí y respetarme. 

Yo no puedo decir lo mismo por su parte. Desprecios y menosprecios de los suyos nos han acabado destruyendo. ¿Qué puede llevar a una persona a querer ver a su hijo o hermano infeliz? ¿No deberían alegrarse o al menos respetar su felicidad? 

Lo acojonante del caso es que ellos no me conocen, nunca han querido conocerme. No he ido a casa de mi novio ni una sola vez en cinco años y medio, no he compartido cinco minutos con esa gente. Los primeros años fueron traumáticos y sin sentido y los últimos, de fuego cruzado. Al principio, la única "comunicación" que tenía con ellos eran los regalos que les compraba por sus santos o cumpleaños y que les mandaba con él. A cambio sólo recibí desprecio.   

En todos estos años he bajado la cabeza cada vez que los suyos han pasado por mi lado sin saludarme o cuando me han atacado sin sentido. Me he resignado cuando han impedido que fuese a las bodas familiares, aunque él sí venía a las mías. He sido una apestada sin haber dado un motivo para ello. He vendido barata mi dignidad y mis esperanzas, y todo lo he hecho porque le quería. He renunciado a muchas cosas, como a tener una cermonia de boda por el simple hecho de no tener a la mitad de los invitados queriendo escupirme. No, yo no soy una mala persona y no merezco que el día de mi boda sea el día más infeliz de mi vida. Sabía que si escogía un futuro con él, debía renunciar a muchas cosas, y lo hice. Pero al final, no han servido los sacrificios. 

Pese a todo, jamás le he prohibido a mi pareja ver a su familia o le he animado a alejarse de ellos. Siempre le he respetado sus tiempos con ellos e incluso a veces le he sugerido que fuera a ver a su hermano a su casa de Alicante, que acompañara a su hermana a conciertos a los que no tenía con quien ir o llevara a su madre al médico para que no fuera sola. Yo me quedaría en casa esperándolo para no molestar, para que no tuvieran que incomodarse viéndome. Sí, una subnormal de libro, porque he sido considerada con gente que no ha tenido conmigo ni compasión. 

Nunca le he querido alejar de ellos, pero sí le he advertido que debía poner freno a las manipulaciones que le hacían en casa si quiería apostar por nuestra relación. Incluso le hicieron chantaje cuando fuimos a firmar el alquiler del piso y él me dejo plantada con la maleta. Y, cuando ha sido consciente de las manipulaciones, todavía se ha enfadado conmigo y yo he tenido que aguantar humillación + chaparrón.  Al fin y al cabo, debe ser muy duro darte cuenta de que tu familia busca hacerte infeliz, que no hace el mínimo esfuerzo por respetar tu vida. 

He soportado cosas muy duras y vergonzosas por querer a una persona, pero al final no ha servido para nada. 

Enhorabuena, pasen a recoger los cadáveres. 

viernes, 18 de agosto de 2017

El principio del final

Regreso a este blog, varios años después, no con despecho sino con dolor en el pecho. Después de cinco años y medio he terminado la relación de pareja más importante de mi vida. Es el comienzo del fin, ya que ambos tenemos claro que aquí se termina. Pero uno no deja de amar a una persona de la noche a la mañana. El amor no se programa, no tiene día de inicio ni día de finalización. 

Son otras cosas alejadas de los sentimientos las que a menudo indican que la relación tiene que terminar. En mi caso, ambos teníamos planes de futuro juntos, pero el cómo y el cuándo eran muy diferentes. Ahí se empezó a tensar una cuerda que se terminó por romper. Algo triste, porque creo que dejar una relación cuando hay muchos sentimientos por ambas partes es una de las cosas más dolorosas a las que se puede enfrentar una persona.

A estas alturas, alguno estará pensando: "pero mujer, tú lucha. Si os queréis, todo es posible". Y puede que tengáis razón. Pero, ¿hasta qué punto el amor debe ser una lucha constante? ¿No es mejor a veces sacar la bandera blanca, rendirse y saber retirarse antes de caer en pedazos?

Este blog me ha acompañado en momentos duros de mi vida y siento que debo volver aquí una vez más. Quizá no sea justo tener esto como una "casa del dolor", pero tengo dos buenos motivos para hacerlo. Primero, para poder expresarme sin censura y bajo el anonimato, y, segundo, porque me consta que algunas personas llegan aquí de rebote, leen las entradas y se sienten menos solas o incomprendidas. Por este último motivo no he cerrado el blog en todos estos años de inactividad. 

Respecto a él, llegó a mi vida de casualidad, era lo que siempre había soñado y lo tenía todo para ser mi todo. Ahora sólo es mi dolor. 



martes, 4 de junio de 2013

La última noche

Había luna llena y hacía demasiado frío para la época del año que era. Como venía siendo costumbre, el enfado hacía su aparición en el minuto uno. Quedaba una larga e incómoda velada por delante. Intentaba pegar mi cabeza a su pecho para resguardarme de la gélida noche, pero él no me dejaba. En uno de los intentos lo conseguí, aunque apenas noté calor. Ahora no podría reconocer ni una sola de las canciones del que sería nuestro último concierto, nuestra última noche, nuestro último “nuestro”.  Lo cierto es que no estaba prestando atención a la música, sólo escuchaba el ritmo de dos corazones que estaban dejando de latir.

Al terminar la actuación hablamos y las palabras se volvieron dardos –unos con más veneno que otros-. Nos fuimos tocando en cada frase hasta que terminamos hundidos. Cada vez hacía más frío, pues al de la calle se sumaba el que se iba instalando en nuestros cuerpos. Nos despedimos con un tímido abrazo y un adiós, ni nuestros ojos ni nuestros labios se buscaban ya. Sólo queríamos salir corriendo.


Luego vinieron los reproches, las palabras más hirientes que jamás me hayan dicho, las discusiones y las lágrimas. Dicen que el tiempo cura más que el sol y espero que ese tiempo me vaya devolviendo los buenos recuerdos anteriores a la última noche, ahora bloqueados por el dolor. Mientras, me aferro a cada uno de mis suspiros para poder continuar. 



lunes, 3 de junio de 2013

Algo romántico

Poner candados en los puentes era hasta hace bien poco vandalismo. De un tiempo a esta parte es algo romántico. Las parejas compran un candado, le inscriben su nombre y lo anclan a algún puente. Esto viene a simbolizar el amor eterno, la férrea unión sentimental y lo que cada uno quiera. Al respecto, sólo tengo que decir que, a veces, la línea que divide el romanticismo de la tontuna es demasiado sutil. El tema de los candados es de traca, porque ya hay ciudades que están persiguiendo tan romántica acción, ya que las barandillas o los pilares de los puentes no pueden aguantar el peso de los candados y existe peligro de derrumbe. 

El llamado romanticismo no se escapa de ser otra construcción social. Las flores, los bombones, los pétalos de rosas… cosas que deben parecernos románticas sólo porque se ha acordado así. Pero si algo caracteriza a nuestra sociedad actual es el hiperindividualismo y, aunque nos "obliguen" seguir la norma, a algunas personas no nos encaja el estándar. Así, la mayoría de las mujeres considerarán románticas estas formas tradicionales establecidas y perpetuadas en la cultura mediante películas, libros, canciones, cuadros y demás manifestaciones. Otras, en cambio, necesitamos que el romanticismo se amolde más a nuestros gustos y preferencias personales. Así que si usted, querido lector, ha llegado aquí buscando algo romántico para sorprender a su pareja, lo mejor será que examine sus aficiones y parta de ahí. Ojo, los perfiles de Facebook siempre ayudan.

A mí, personalmente me encanta la astronomía y, por tanto, una velada romántica se puede parecer mucho a una cena en la playa o en el campo para ver estrellas, constelaciones, planetas o lo que se mueva ese día por el universo. Pero claro, este es un caso concreto. Y aunque la personalización tenga sus riesgos, porque si no se acierta se puede meter la pata muy mucho, ese esfuerzo es siempre más de agradecer que el del romanticismo estándar.



jueves, 30 de mayo de 2013

Lágrimas y más lágrimas

Cuando era muy pequeña, me dijeron que las lágrimas eran un signo de debilidad, que si me veían llorar se abalanzarían sobre mí como si fuese un cachorrillo indefenso. En realidad lo era, y lo sigo siendo.  Al poco comprendí que la vida empezaría bien pronto a ponerme a prueba y que no podía permitirme el lujo ni de ser débil ni de mostrarlo. Con un férreo entrenamiento, lo conseguí. El día a día también ayudaba. Al final, desterré las lágrimas de mi rostro para siempre y con el tiempo dejé de llorar. Me revestí de un frío caparazón de acero que apenas me dejaba expresar mis sentimientos. No me sentía ni mejor ni peor, sólo incapaz.

Luego llegó él…

…Y luego se fue.


Y ahora todas esas lágrimas contenidas están brotando juntas, silenciosas, sin poderlas controlar. Una tras otra caen sobre mi pecho frío y me nublan la vista. Tal vez tenía que haber llorado antes y este torrente de dolor que brota de mis ojos sea el castigo por no haberlo hecho. Quizá hasta lo merezca. Sólo espero que algún día todas estas lágrimas se transformen en hermosos recuerdos. 

viernes, 10 de febrero de 2012

Reencuentro

Sí, soy feliz. Pero su sonrisa es igual que la tuya.

viernes, 18 de marzo de 2011

Confianza ciega

Cuando se veía en el reflejo de sus ojos, comprendía que nada iba a salir mal. Pero las miradas mienten a menudo.

jueves, 3 de febrero de 2011

domingo, 30 de enero de 2011

El activismo está infravalorado

Mediante el procedimiento de pinchar el enlace del enlace (¿por qué esta práctica no tiene aún nombre técnico?), se encuentran cosas muy interesantes. Así fue cómo llegué ayer hasta el vídeo de la participación de la pequeña canadiense Severn Suzuki en la Cumbre de la Tierra de la ONU celebrada en Río de Janeiro en el año 1992. La criatura, que pertenecía a una organización ecológica para niños en Vancouver, se subió al atril de los "peces gordos" y comenzó a decir verdades como puños respecto a temas como la contaminación, la economía sostenible o la falta de solidaridad con el tercer mundo. Al final del vídeo se me cayeron dos lagrimones de los de hectómetro cúbico. Qué valor el de esta niña que, según parece, permanece fiel a sus principios casi 20 años después. Lo triste es que la oyeron, pero no la escucharon.

Túnez y Egipto se convierten estos días en ejemplos vivos de que lo que los movimientos ciudadanos pueden llegar a conseguir. A nosotros, acomodados en los brazos del sistema capitalista occidental, la era tecnológica nos permite mantener una lucha desde la trinchera. Llaman poderosamente mi atención movimientos como el de los Anonymous, que aprovechan las nuevas tecnologías de la información para difundir noticias sin pasar por los filtros periodísticos habituales. Por iniciativas como ésta, Internet está jugando un papel fundamental en los conflictos de los países citados.

Ahora que es más fácil que nunca conseguir que el planeta sea mejor, nos dejamos cegar por las mieles del estado del bienestar. Recuerdo que de pequeña era una auténtica revolucionaria. Ya en el colegio, los profesores me apodaron "la abogada del diablo". Ha pasado el tiempo y mis desengaños personales se han alimentado de apatía y de diversas dosis de la cruda realidad. Llevo semanas notando que mi yo revolucionario quiere volver, pero a la vez siento cómo mi yo desencantado y sin fe en la humanidad lo frena. ¿Qué me ha pasado? ¿Qué nos ha pasado?

domingo, 2 de enero de 2011

Creo que toca hacer balance...

Este año ha sido malo, pero como no ha sido peor que el anterior, se puede decir que ha sido regular o, técnicamente, menos malo. Esta costumbre de ver el vaso entre vacío y medio vacío me va a matar. Prometo que en 2011, todas mis citas con los deseos (Reyes Magos, San Juan, Cumpleaños, etc.) van a ir encaminadas a pedir algo de positivismo para afrontar la vida. Durante estos 365 días he ganado y perdido cosas. Me he enfrentado a algunos miedos, aunque en la mayoría de ocasiones he salido perdiendo. He conseguido un par de metas. Y bueno, también están los topicazos; he reído, he llorado, he querido matar a alguien con mis propias manos... nada digno de destacar.

Pese a vivir 365 días llenos de sentimientos, acciones y hechos, aquí estoy, con la misma sensación de que nada ha cambiado. Cada vez me cuesta más hacer balance. Creo que me hago mayor, y no sólo de edad. Me gustaría que hubiese un cambio con mayúsculas, no sé exactamente dónde ni cómo ni qué ni por qué. Sólo quiero algo que me permitiera elaborar un balance de verdad, aunque sea a mediados de mayo.

A ver si consigo que soplen...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Naturaleza muerta

Cuando vi la película Mar Adentro, me impactó mucho el alegato que Ramón Sampedro hizo en su juicio. El hombre venía a decir que una persona que puede andar, se suicida y no ocurre nada. En cambio, otra que no puede moverse y quiere suicidarse, debe pedir ayuda y legalmente eso es un asesinato. Lo que el tetrapléjico venía a explicar es que no todo el mundo tiene la misma libertad para tomar decisiones y, los que están en desventaja, encima tienen más dificultades externas.

Mi intención no es disertar sobre la eutanasia, sino más bien ir al otro extremo. Rememoro la idea de Sampedro cada vez que informan sobre padres que asesinan a sus hijos, los dejan en contenedores de basura o los abandonan en los coches con las ventanillas cerradas mientras van a comprar. Pienso en todo lo que debe hacer una persona o pareja para adoptar un chiquillo. Pruebas psicológicas, rentas, nóminas, referencias, desembolsos económicos y un sinfín de premisas burocráticas que impone el Estado para asegurarse de que esos padres serán idóneos para el niño o la niña. Y sobre todo, pienso en hombres y mujeres que no pueden engendrar y no tienen más remedio que sucumbir a la burocracia si quieren tener descendencia. En cambio, hay muchas y muchos que pueden concebir sin dificultades y, por el contrario, jamás pasarían un test ni para tener una mascota virtual. Pero a esas personas no les hace falta, porque la naturaleza ya está de su parte.

Al igual que en el caso del tetrapléjico, la ley ahoga a los que no pueden y ayuda a los que sí, porque en España la paternidad biológica está por encima de todo, incluso en casos completamente aberrantes. Por cierto, a Ramón Sampedro no le valió de nada su alegato.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El dominguero postmoderno

Hay algo en lo que la sociología aún no ha reparado, la evolución del dominguero. El dominguero es esa persona que saca su coche en domingo y circula a una velocidad anormalmente reducida. El dominguero suele aprovechar este día para pasear, ir a comer 'anca' la suegra o simplemente trasladarse en su vehículo, pero, eso sí, de una forma mucho más lenta de la que lo haría durante la semana.

Los que trabajamos los domingos y, por lo tanto, tenemos que pisar el acelerador como si fuese lunes, odiamos a este especimen que estoy describiendo. En realidad a mí casi me divierte, pues sólo en domingo puede mi humilde Seat adelantar a Mercedes, BMW´s, Audis y demás vehículos de altísima gama.

Pero, desde hace un tiempo, observo que la figura del dominguero ha evolucionado. Sigo viendo altas gamas a las que pitar y adelantar, pero en menor medida. En su lugar, aprecio una nueva figura que podría denominar dominguero postmoderno.

El dominguero postmoderno suele llevar un Seat León, un Golf, un Hyndai Coupe o cualquier otro modelo susceptible de ser tuneado hasta la saciedad. Este especimen suele ir acompañado de una muchacha, que ocupa el asiento del copiloto y que podríamos definir como 'la choni'. Al contrario que su antecesor, el dominguero postmoderno suele ir muy deprisa, excediendo los límites de velocidad y poniendo en peligro la vida de los demás conductores. Cuando dos de estos especímenes se encuentran en primera línea de semáforo, se producen salidas mucho más emocionantes que las de la Fórmula Uno. Del mismo modo, mientras que el dominguero original gusta de escuchar a Julio Iglesias, José Luis Perales y otros hitos de la canción melódica, el postmoderno prefiere 'petar' con el 'subwoofer' a ritmo de flamenco, house o reggaetón.

Quede patente mi observación como método casi científico para futuros estudios sobre la evolución de la especie. Si Darwin levantase la cabeza...

viernes, 12 de noviembre de 2010

Breve reflexión

Si un señor ejerce la medicina durante cinco años sin ser médico, se le envía a la cárcel.

Si un señor ejerce el periodismo durante cinco años sin ser periodista, se le regala el título.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Parásitos en el centro comercial

He estado de compras, más por obligación que por capricho. Es un efecto colateral del cambio de estación. Lo mejor es que como en Murcia sólo hay dos cambios de estación, nada más que hay que pasar por este mal trago en un par de ocasiones. Lo peor es que se me ha quedado destemplada la tarjeta de crédito, porque ha cogido mucho frío, y en unos cuantos días le ocurrirá lo mismo a la cuenta corriente.

Los que me conocéis o leéis el blog ya sabéis que odio las compras. Pero más que a las compras en sí, odio a cierto tipo de comprantes. Especialmente al espécimen femenino parasitario que utiliza el chantaje emocional para que su pareja le compre el caprichito del día. Son esas muchachas que llegan a las tiendas con el novio adosado. Se paran a mirar una prenda de ropa, bolso o zapato, se lo prueban y automáticamente miran al “adosado” y le sueltan una frase del tipo: “Anda cari, cómpramelo”, “si me quisieras me lo comprarías”, “anda, si no me compras nunca nada”, etc.

En esos momentos mola mirar la cara del “adosado”, que suele presentar dos variantes, la de vencido y/o hastiado y la de cabreado. En ambos casos, el cambio en el rostro suele ir acompañado de la apertura de cartera o aflojamiento de pasta. Y al final el parásito femenino se marcha con su objetivo cumplido. Imagino que este caso se dará con los roles cambiados, es decir, que el parásito sea masculino y la “adosada” una mujer, y también en personas del mismo sexo. Pero, a día de hoy, yo sólo he presenciado el caso que he expuesto.

Pues eso, que hasta que no se me acentúe la locura o el gusto por las performances, me toca sufrir en silencio este tipo de actitudes. Pero, aprovechando el espacio que me brindo a mí misma, quiero lanzar un mensaje a todas las mujeres que ilustran esta entrada: “¡Buscaros un trabajo, perras!”

martes, 2 de noviembre de 2010

Los singles

Ahora con la modernidad, los singles son algo más que temas extraídos de un trabajo musical de estudio, que se promocionan de forma independiente al álbum completo. O lo que es lo mismo, la canción del disco del cantante Fulanodetal que suena en la radio. Lo que decía, que ahora el anglicismo se nos ha vuelto polisémico.

En la actualidad también se conocen como singles a los solteros o “desparejaos” de toda la vida. Pero, ojo, que existe un matiz. Los singles son singles porque se dedican a quedar con otros singles. De un tiempo a esta parte se ha puesto muy de moda eso de hacer reuniones de singles. Aseguran que en dichos encuentros surgen amistades, grupos afines con los que compartir intereses, parejas, etc.

No estoy en contra de estas reuniones. Me parece muy buena idea que personas que se hayan quedado un poco solas, por el motivo que sea, encuentren amigos y gente con la que poder salir, charlar, etc. Pero, cuando te paras a mirar las actividades que se programan para estos singles, se te cae el mundo a los pies.

Paradores, hoteles, 'spas', casas rurales… vamos, que siempre hay que hacer “noche”. Que esta gente no queda para ir al cine o para tomarse un café. No, los singles quedan con otros singles para realizar actividades que conlleven dormir fuera de casa y con la posibilidad de hacerlo con y entre ellos mismos…

Lo que la modernidad ha unido, que no lo destruya ni Dios.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Si tú bailas, yo bailo

Pocas veces he dirigido mi mirada hacia el mundo del espectáculo para encontrar un referente, pero ella es la excepción. Se trata de Lisa Gerrard. Hace poco se hizo conocida al gran público por interpretar la banda sonora de la oscarizada Gladiator. Pero, los amantes de la música poco o nada comercial la conocíamos antes por ser parte del tandem que 'daba vida' a Dead Can Dance. Actualmente, continúa su carrera en solitario.

Lisa se presentó a varias pruebas de selección para cantantes, pero siempre encontraba la misma negativa. Le decían que su voz era demasiado grave, que su timbre no era apto para cantar como solista, que jamás llegaría a nada en el mundo de la música. Cuando fue a probar suerte como compositora, tampoco se le abrieron las puertas. Muchas de sus partituras se ejecutaban con instrumentos que ya no se fabrican y sus letras, aunque escritas principalmente en inglés, coqueteaban con idiomas como el latín o el polaco, además de utilizar palabras que ella misma inventaba.

Y la chica que no podía cumplir su sueño, siguió luchando y desoyendo a los que tanto sabían. Hasta que un sello discográfico alternativo decidió dar una oportunidad a los eclépticos Dead Can Dance. Entonces la historia se volvió bonita. Éxitos, alabanzas y más de una docena de trabajos les convirtieron en el gran referente musical que son hoy.

Lisa Gerrard no se rindió y hoy se la reconoce como una excelente intérprete y compositora y, por qué no decirlo, un gran ejemplo para quienes conocemos su historia. Y, personalmente, añado a su lista de logros la capacidad de conseguir que mi alma se estremezca.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Recibí tres visitas

En la larga ausencia de quien suscribe, este blog recibió tres visitas, como en el clásico cuento navideño. En realidad, imagino que serían algunas más, pero, concretamente, tres lectores tuvieron la iniciativa de dejar un comentario. Por suerte, Blogger tiene el detalle de enviarte un email cuando alguien comenta, porque con lo ajetreada que ha sido mi vida en los últimos meses, apenas he podido acordarme de mi querida bitácora.

Al lío, las tres visitas. A priori eran personas sin relación entre sí. Algunas, incluso, parecían residir lejos -deduje eso por las expresiones que utilizaban-. Cada una de ellas acudió a una entrada distinta de este blog. Pero sí tenían algo en común. Esas tres personas se sentían como yo me sentí en el momento de mi vida en el que escribí esas líneas. Ellas pasaron por tres momentos por los que yo pasé, vieron tres cosas como yo las vi y asumieron tres designios de la providencia como yo lo hice.

Imagino que esas personas llegaron a este oscuro amanecer como yo también he llegado a muchas otras bitácoras, escribiendo algo en Google y buscando entre los resultados. Y, sinceramente, espero que se sintieran como yo me siento cada vez que encuentro a otra persona, sea como sea o esté donde esté, capaz de percibir la realidad como yo lo hago.

Y es que a algunos nos gusta comprobar, aunque sea virtualmente, que hay alguien por ahí que podría entendernos en determinados momentos. A mí me ha hecho reflexionar mucho esto de que mis tontunas personales puedan en un momento dado servir de apoyo a personas que ni conozco. Estos tres fantasmas (no se me enfaden, que los llamo así con todo el cariño y para aprovechar el símil literario) y los que puedan llegar, me animan a seguir escribiendo.

Pues eso, que subimos la persiana (:

jueves, 3 de junio de 2010

Puritanismo

Escuchado en las inmediaciones de la Universidad de Murcia (Campus de la Merced) el pasado martes a las 21.00 horas.

"Claro que iré a verle al concierto. Siempre que acaba la actuación me hace lo mismo, coge un rotulador y me firma un autógrafo en las tetas. Me habrá firmado como nueve veces en las tetas y, en el último concierto, me dijo: -bájate un poco el pantalón que te firme en el culo. Y yo le contesté: -¿De qué vas, tío?, ¿es que te has pensado que soy una guarra?"
...

domingo, 30 de mayo de 2010

Minorías cabreadas

Hay personas que se levantan a las seis de la mañana para ver un capítulo de una serie de televisión. Algunos salen el sábado y vuelven a casa, corriendo cual Cenicienta, antes de que den las tres de la mañana para ver una carreta de fórmula uno. Otros, los más, llegan hasta a abandonar su puesto de trabajo para ver un partido de fútbol por televisión. Para gustos están los colores y yo, particularmente, gusto de respetar, como decía aquel, a todo lo que se menea.

A mí sólo hay un evento televisivo que me paraliza, Eurovisión. Lo puedo decir en todos los foros: soy Eurofan y no me avergüenzo. He de reconocer que El European Song Contest está algo denostado por estas latitudes, pero a mí me gusta. Cada año, desde que Internet entró en mi vida, reviso los rivales, los detalles, las curiosidades del festival, presencio las semifinales y el Día D a la Hora H, disfruto del Festival cual cochino jabalín.

Y sinceramente, me toca mucho las narices que no se nos respete a los que nos gusta Eurovisión, porque no somos ni peores ni mejores que los seguidores de Lost o los amantes del fútbol o la fórmula 1.

Aprovecho el tema para hacer una pequeña metareivindicación. Después de que la actuación española en el festival fuese boicoteada, muchos han considerado el incidente como divertido y/o gracioso. Piensen ustedes en sus diversas ocupaciones. Piensen que han hecho un trabajo que les ha costado dos meses sacar adelante y, a la hora de poder desarrollarlo, viene un gracioso y se lo jode. ¿A que ya no resulta tan divertido?

Estoy convencida de que si el infiltrado hubiese jodido un gol de la selección española, el tipo estaría ya en el otro barrio, pero como es Eurovisión, parece que es lícito ser crueles.

No es en absoluto mi estilo, ni la canción ni el muchacho me matan, pero reconozco que este artista tiene un mérito que, en un país como el nuestro, jamás se le va a reconocer. Desde aquí, un homenaje Algo Pequeñito de una eurofan.